Cada fin de semana, el río Huécar y su entorno sufren el impacto del abandono de residuos por parte de quienes disfrutan de la noche en los bares y establecimientos cercanos. Envases, vasos y restos de vidrio se acumulan en las orillas, dejando una imagen lamentable y obligando al Ayuntamiento a destinar recursos económicos para limpiar lo que algunos dejan tras de sí.
Desde la Policía Local recuerdan que “disfrutar no es sinónimo de ensuciar”. Señalan que la responsabilidad de mantener limpio el entorno es individual y comienza por no arrojar botellas, plásticos o envoltorios al suelo, independientemente de que los establecimientos permitan sacar envases fuera de sus terrazas.
Los agentes advierten que el problema no radica en el ocio nocturno, sino en la confusión entre libertad y civismo. Cada acto de incivismo no solo daña la imagen de la ciudad, sino que también genera costes que repercuten en todos los ciudadanos.
El río Huécar, destacan, no es un cenicero ni un vertedero. Mantenerlo limpio es un compromiso de toda la ciudadanía, y quienes no respetan este espacio natural dejan constancia de una actitud que dice mucho sobre la educación y el respeto hacia la ciudad.