Cientos de familias recurren a las entidades sociales para poder pagar el recibo de la luz y evitar que la compañía eléctrica les corte el suministro.
Estamos viendo cómo cada día se endurecen más los requisitos para tramitar las ayudas de los Servicios Sociales y nos derivan más y más casos a Cáritas Diocesana.
Las familias vienen a nosotros cuando les llega el recibo y ven que no van a poder pagarlo. Algunos acuden en el último momento, cuando reciben el aviso de que les van a cortar la luz. Nosotros hacemos un seguimiento de las familias y un trabajo educativo. La ayuda va más allá de pagar un recibo.
Esta situación es agobiante para muchas familias de Cuenca y lo incomprensible es que las distintas administraciones hacen caso omiso ante esta triste realidad, hasta el Congreso Nacional ha rechazado una tregua invernal en la factura de estas familias. Y no hablamos de los salarios de los directivos de las Empresas Eléctricas y de sus ganancias abusivas a costa de muchas familias abocadas poco a poco a la pobreza.
Estas personas, con los mismos derechos que todos, sufren la escasez y, además, soportan la incomprensión de las distintas administraciones responsables del bien común.
En el año 2013, sólo en Cáritas Diocesana, hemos atendido a 325 familias sufragando el coste de luz, gas y butano, lo que ha supuesto un coste de 31.000 €, que añadido al gasto en alimentos, ropa, medicinas, alquiler... supone un gasto total en Ayuda Social de Base de alrededor de 245.000 €. No incluimos en estos datos la ayuda que están dando las Cáritas Parroquiales, Cruz Roja, Conferencias San Vicente de Paúl... que elevaría estas cifras de manera escandalosa.
Si a estos datos añadimos el paro en Castilla La Mancha, que supera la cifra de 286.000 personas, de las que 130.320 no cobran ayuda alguna, si además tenemos en cuenta que la pobreza alcanza a más del 33 % de las familias, fácilmente podemos concluir que la situación actual es alarmante. El túnel es largo y, de momento, no se ve salida alguna para las familias más necesitadas.
La ayuda de Cáritas Diocesana es posible gracias a la participación particular ciudadana, estamos viendo cómo su colaboración se incrementa en la medida que crece la pobreza; de igual manera damos las gracias a la Fundación Caja Rural de Globalcaja, la Diputación Provincial y algunas empresas que quieren mantener el anonimato.