El Festival Internacional de Las Casas Ahorcadas volvió a colgar el cartel de completo en el Centro Cultural Aguirre en una jornada marcada por el alto nivel literario, el diálogo entre grandes nombres de la novela negra europea y un emotivo homenaje a Rosa Montero, que confirmó el idilio del certamen con el público lector conquense.
El Festival Internacional de las Casas Ahorcadas volvió a demostrar su tirón este viernes con un aforo completo en el Centro Cultural Aguirre. Los lectores conquenses respondieron con entusiasmo a una programación de máximo nivel que hilvanó tres mesas redondas y un homenaje muy especial, confirmando al certamen como una de las grandes citas literarias del calendario cultural de la ciudad.
La jornada arrancó con un diálogo de altura entre Víctor del Árbol y Gianrico Carofiglio, dos referentes europeos de la novela negra. Carofiglio reflexionó sobre la responsabilidad del lenguaje y el poder de la palabra para transformar la realidad, subrayando el papel del escritor para evitar que se vacíe de sentido. El autor italiano reivindicó además la literatura como una forma de “justicia poética” capaz de canalizar la indignación frente a la violencia, una idea muy presente en su reciente novela El horizonte de la noche.
Del Árbol, por su parte, compartió con el público las claves de Las buenas intenciones, cierre de su trilogía del sicario, y planteó una pregunta central: la posibilidad real del cambio. En la conversación, ambos autores defendieron la importancia de la técnica y el ritmo narrativo, sin olvidar que leer también es un acto creativo y que las historias más potentes nacen de los conflictos personales.
La segunda mesa de la tarde, moderada por Marisa Mestre, giró en torno al fascinante —y perturbador— universo de los asesinos en serie. Pedro Feijoo, Carlos Augusto Casas y Toni Hill abordaron el reto de construir estos personajes sin caer en la caricatura. Entre anécdotas y humor, coincidieron en la necesidad de anclar estas historias en una verdad reconocible para que el lector vaya más allá del morbo.
El broche de la jornada lo puso el homenaje a Rosa Montero y a la saga protagonizada por Bruna Husky, cuando se cumplen quince años del nacimiento del personaje. En conversación con Berna González Harbour, Montero confesó el vínculo especial que mantiene con esta replicante “con fecha de caducidad”, en la que ha volcado su obsesión por el tiempo y la intensidad de vivir. La autora defendió la ciencia ficción como un espejo deformado —pero certero— del presente y explicó por qué decidió cerrar la serie con Animales difíciles: terminar en lo más alto antes que diluir la historia.
La mañana estuvo dedicada a Con Sangre Entra, el Plan de Animación a la Lectura que se desarrolló en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. El alumnado participó en encuentros y masterclass con Jerónimo Tristante, Sheila Queralt, Lorenzo Lunar y Rebeca Murga, además de conocer de primera mano técnicas forenses junto al equipo de criminalística de la Guardia Civil.
El festival encara su última jornada este 7 de febrero con propuestas que se extienden por el Casco Antiguo —juego de pistas literarias y visita guiada— y regresan por la tarde al Centro Cultural Aguirre con nuevas mesas redondas. El cierre llegará con la entrega del Premio Bevilacqua a Claudia Piñeiro.