Cuenca

Paz y Caridad marca el pulso del Jueves Santo conquense

(Foto: Sergio Valverde).
Redacción | Viernes 03 de abril de 2026

La procesión de Paz y Caridad volvió a desplegar este Jueves Santo en Cuenca todo su potencial emocional y narrativo, con un cortejo de nueve pasos que recorrió la ciudad durante horas para representar, con fidelidad evangélica, la Pasión de Cristo. Desde su imponente salida en la Virgen de la Luz hasta su recogida en la medianoche, el desfile dejó imágenes de solemnidad, belleza y profundo sentimiento nazareno.



La tarde caía lentamente sobre Cuenca cuando, puntual a su cita, la Archicofradía de Paz y Caridad abría las puertas de la iglesia parroquial de la Virgen de la Luz. Eran las 16:30 horas y comenzaba a desplegarse, una vez más, el cortejo más largo de la Semana Santa conquense, una procesión que no solo impresiona por su extensión, sino por la profundidad con la que narra la Pasión de Cristo a través de sus nueve pasos.

La salida volvió a ser uno de esos momentos que definen esta procesión: el paso de las imágenes por la estrecha puerta del templo, en un espacio mínimo y cargado de expectación, dejó imágenes de enorme fuerza plástica. El cortejo, encabezado por la Cruz de Guía y la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, fue tomando la ciudad baja para encarar su ascenso hacia la parte alta. Por Calderón de la Barca, Aguirre y Las Torres, la comitiva avanzó con solemnidad, arropada por un público que llenaba cada rincón del recorrido.

Con el paso de las horas, la luz comenzó a transformarse y la procesión alcanzó uno de sus momentos más evocadores. Al atardecer, las Sagradas Imágenes cruzaron la Puerta de Valencia y, ya entre dos luces, discurrieron por El Salvador, dejando estampas de recogimiento y belleza que definen la esencia de este desfile. El ascenso continuó por Solera y el Peso hasta alcanzar Andrés de Cabrera y Alfonso VIII, en su llegada a la Plaza Mayor, donde la emoción se hizo palpable entre nazarenos y asistentes.

Especial protagonismo tuvo la Soledad del Puente, que avanzó con solemnidad escoltada por la Guardia Civil hasta el Obispado, en uno de los momentos más simbólicos del recorrido. Mientras tanto, las distintas formaciones musicales fueron poniendo sonido a la tarde: desde Iniesta hasta Almonacid del Marquesado, pasando por La Guardia (Toledo) y la propia Cuenca, cada acompañamiento aportó matices distintos a los pasos, reforzando el carácter narrativo del cortejo.

Ya entrada la noche, en torno a las 21:30 horas, la procesión inició su regreso. En San Felipe Neri, el canto del Coro del Conservatorio volvió a envolver a las imágenes en una atmósfera de recogimiento absoluto, uno de esos instantes que detienen el tiempo en la Semana Santa conquense. Poco a poco, el cortejo fue desgranando su tramo final hasta regresar al templo de la Virgen de la Luz, al filo de la medianoche, poniendo el broche a una jornada intensa, larga y profundamente emotiva.

Paz y Caridad volvió a demostrar por qué es uno de los grandes referentes de la Semana Santa de Cuenca: un desfile que no solo se contempla, sino que se vive, paso a paso, como un relato compartido de fe, tradición y memoria.

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