Cuenca

Las obras del muro

Redacción | Miércoles 10 de septiembre de 2014

No hay mal que cien años dure. Este se ha prolongado durante casi seis, pero ahora parece que entra en la vía de los remedios. El muro que, a lo largo de las calles Alfonso VIII y Andrés de Cabrera sirve de soporte a la Plaza del Carmen empezó a temblar hace ya mucho tiempo. De hecho, los viejos observadores del lugar, esos que contemplan las cosas con el espíritu filosófico acumulado durante siglos, advirtieron, años atrás, que el inmenso hueco abierto para alojar el aparcamiento de Mangana acabaría por hundirlo todo. No hay constancia técnica de que eso haya sido así, al menos de forma directa, pero tampoco debe desecharse que con aquellas obras enormes, todo hubiera temblado hasta resquebrajar la potente roca. Como tampoco hay que desconocer el hecho del enorme daño producido en la zona por las eternas excavaciones de la plaza de Mangana, con docenas de zanjas abiertas y sin cubrir, acumulando agua que luego se deslizan a través de incontables filtraciones que han venido a dañar el muro. Con todo ello el resultado fue una primera señal de alarma, en 2009, que pudo ser corregida (aparentemente) pero que volvió a aparecer de manera definitiva en febrero de 2012 obligando a intervenir por la vía rápida con la consecuencia del derribo del muro a partir de la escalerilla de acceso a El Carmen. Así se abrió esa situación de emergencia y provisionalidad que llega hasta ahora.



 

Para solucionar el problema planteado, los técnicos municipales elaboraron tres alternativas que fueron colgadas en la página web municipal para someterlas a votación popular. La más conservadora pasa por recuperar la imagen anterior de forma íntegra, aunque resulta la más costosa desde el punto de vista económico; la segunda opción, considerada intermedia, respeta la roca viva aparecida tras la demolición pero con una función estética, no estructural, y sobre ella se adaptan los accesos tanto desde Andrés de Cabrera como desde Alfonso VIII, manteniéndose la barandilla anterior; la tercera, calificada como la más atrevida, introduce una modificación total definiendo un nuevo espacio manteniendo las dos escalinatas pero configurando un mirador con unas pasarelas peatonales y una amplia barandilla de madera.

El debate, no muy intenso ni apasionado, concluyó con la inclinación favorable a dejar las cosas como estaban. Mientras llegaba ese momento, como el muro seguía crujiendo que desde entonces forman parte del paisaje urbano del casco antiguo, mientras los partidos políticos se entretenían en ese constante ridículo debate que a los ciudadanos nos parece esperpento puro pero que a ellos, los políticos, parece entretener mucho. Por fin, el problema pareció entrar en un sendero positivo, al quedar desbloqueado el desacuerdo, de manera que por sus pasos contados los trámites han seguido el camino natural hasta llegar a lo que todo el mundo deseaba, el comienzo efectivo de las obras. Desde este último lunes, los desocupados y curiosos en general tienen un nuevo motivo de entretenimiento: ver cómo se desarrollan las obras de reconstrucción del muro de Alfonso VIII. Y esperar a conocer el resultado final.

 

José Luis MUÑOZ