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Leyendas y misterios de Cuenca

jueves 31 de octubre de 2019, 12:25h

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La noche de Halloween celebrada todos los años el 31 de octubre se ha convertido en una ocasión especial para contar todo tipo de leyendas e historias de terror. Debido a su larga trayectoria como ciudad, Cuenca cuenta en su haber con muchas leyendas y enigmas que aún hoy en día se siguen transmitiendo de generación en generación.


La leyenda de la Cruz del Diablo

Cuenta la leyenda que en el siglo XVIII un apuesto joven llamado Diego, aprovechándose de sus dotes seductores, iba detrás de todas las doncellas y después de conseguir cortejarlas, las dejaba plantadas. Un día llegó a la ciudad una mujer muy hermosa, la más bella de todas cuantas se conocían. Todos los hombres y mujeres de la ciudad quedaban asombrados a su paso. Los jóvenes de la ciudad trataban de cortejarla sin mucho éxito, pero un buen día nuestro apuesto joven decidió lanzarse y hacer su aparición ante ella. La hermosa mujer, quien se había percatado del atractivo de Diego, le dijo que se llamaba Diana. El joven presuntuoso se jactó ante sus amigos de que ya conocía a la hermosa joven, sin embargo tras varios días, Diana le seguía dando largas. Diego se obsesionó con la joven ya que nunca había conocido a un mujer tan bella. Sin embargo, tras esa supuesta belleza se escondía un oscuro y terrible secreto.

Una mañana Diana le hizo llegar el siguiente mensaje a Diego: ‘Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la Noche de los Difuntos’. El joven estaba entusiasmado con la noticia y se arregló con su mejor traje para la ocasión. Esa noche estalló una gran tormenta, los truenos retumbaban y los relámpagos iluminaban el cielo como si de fuego se tratasen. Diego debía presentarse en el lugar y hora previstos. Allí se encontró con Diana, ataviada con un elegante vestido que parecía de una princesa. El apuesto joven estaba loco de amor y se abalanzó sobre Diana que le correspondió con unos besos dulces y tiernos. Diego presa de la emoción del momento, empezó a levantar la falda de la muchacha. Sin embargo, cual fue el espanto del joven cuando tras caer un rayo súbitamente, iluminó la pierna de la joven descubriendo en su lugar una pezuña y una pata de cabra. Diego quedó aterrorizado ante tan dantesca escena y salió corriendo. Diana, quien en realidad era el mismo Diablo, le lanzó unas cavernosas carcajadas que retumbaban entre las piedras del santuario. Diego decidió entonces aferrarse a una cercana cruz a las puertas del santuario y el Diablo le lanzó un zarpazo que fue seguido de un inmenso trueno. Cuando el muchacho abrió los ojos, se dio cuenta de que el zarpazo había dejado una marca humeante en la cruz. Tras esta desdichada aventura, el joven decidió ingresar en el santuario de las Angustias y nunca más se volvió a saber de él.



La Casa de la Sirena

Cuentan las crónicas que el infante don Enrique de Trastámara fue un día a visitar Cuenca para agradecer a sus habitantes su apoyo en la guerra librada contra su hermanastro Pedro I ‘El Cruel’. Mientras Enrique se encontraba entre la multitud, reparó en una bella muchacha de nombre Catalina. Don Enrique quiso desde el primer momento que la muchacha fuese suya y prometió a su padre bienes y dinero a cambio de su hija. Debido a los apuros económicos por lo que atravesaba su familia, su padre accedió a dicha petición. Después de pasar una temporada juntos, Catalina se quedó embarazada. Sin embargo, el infante don Enrique tuvo que marcharse apresuradamente de Cuenca por asuntos de guerra, dejando a Catalina y a su futuro hijo recluidos.

El infante don Enrique se convertiría en Enrique II de Castilla en 1369 tras el asesinato de su hermanastro Pedro I y se casaría con doña Juana Manuel de Villena, con quien tendría un hijo (el futuro Juan I) olvidándose de Catalina y de su otro hijo. Se cuenta que un día fue a visitar a un hechicero quien le dijo que tenía las manos manchadas de sangre y que tuviese cuidado pues lo mismo le podría pasar a su propio hijo. Entonces se acordó de su hijo bastardo en Cuenca. Enrique II decidió mandar a sus hombres y acabar con la vida de su hijo bastardo. Los hombres del rey se presentaron en casa de Catalina para llevarse a su hijo Gonzalo. Catalina trató por todos los medios de que no se lo llevasen, pues sabía cuál iba a ser su desenlace, pero fue totalmente en vano. Durante días y días se escuchaban los gritos de Catalina, implorando por su hijo desde su casa en la Hoz del Huécar. Un día Catalina, presa de la desesperación, se arrojó a la misma Hoz del Huécar acabando con su vida. Los vecinos de la ciudad aseguraban escuchar todavía los lamentos de Catalina que recordaban al triste cántico de una sirena.





El Cristo del Pasadizo

Se cuenta que un jornalero llamado Julián se enamoró de una chica llamada Angustias. Los dos enamorados tenían planes de futuro pero los padres de la muchacha no veían con buenos ojos esa relación, pues Julián era de una posición social más baja. Un día Julián decidió enrolarse como soldado y partir hacia la guerra en Italia en busca de fortuna y gloria. Antes de embarcarse en tan arriesgada aventura, los dos enamorados juraron su amor ante el Cristo del Pasadizo y en comprometerse por siempre el uno con el otro hasta que no se tuviese la certeza de la muerte de uno de ellos. Angustias se quedó muy apenada tras la marcha de Julián. Pasaban los meses y no se sabía nada de Julián. Ante la ausencia de Julián, empezaron a cortejarla innumerables pretendientes.

Un día un chico llamado Lesmes empezó a salir con Angustias. Sin embargo, Julián regresó al cabo de dos años, enriquecido y con una mejor posición que antes de partir a Italia. Julián decidió ver a su amada Angustias pero cuál fue su sorpresa cuando descubrió verla con Lesmes. Presa de los celos, Julián sacó su espada entablando batalla contra Lesmes. La contienda estaba igualada pero Julián tropezó con un escalón y Lesmes aprovechó este descuido para acabar con su contrincante de un golpe letal. Angustias desesperada pidió ayuda a la ronda y Lesmes intentó huir para no ser apresado por la muerte de Julián. El chico trató de subirse a las almenas con la mala fortuna de resbalarse y desnucarse en su caída. Angustias quedó destrozada tras la muerte de sus dos amantes y decidió recluirse en el cercano Convento de las Petras para solo salir todos los días a las 12 de la noche a orar por las almas de Julián y de sus familiares al Cristo del Pasadizo. Hay quien afirma haber visto una extraña sombra blanca aparecerse en la Ronda del Huécar a medianoche para posteriormente desaparecer en el Cristo del Pasadizo.

Bibliografía
Muñoz, M. E. (2012). ‘De Leyenda (I)’. Curiosidades. Fiestas y Tradiciones. Leyendas de Cuenca. http://www.estoescuenca.com/leyendas-de-cuenca-1/
Muñoz, M. E. (2013). ‘De Leyenda (II). Otras dos Leyendas en Cuenca’. Fiestas y tradiciones. Leyendas de Cuenca. http://www.estoescuenca.com/leyendas-en-cuenca_2/

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