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Fotografía cedida a EFE por la familia Mora-Huerta, de izquierda a derecha, Mario, Samuel, Dani, Miriam, Belén, Pedro y Rosa
Fotografía cedida a EFE por la familia Mora-Huerta, de izquierda a derecha, Mario, Samuel, Dani, Miriam, Belén, Pedro y Rosa (Foto: EFE)

Confinamiento numeroso: un reto diario a siete, con un wifi que "echa humo"

domingo 19 de abril de 2020, 13:59h

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Un día cualquiera en una "súper familia" de Cuenca, la de los Mora-Huerta, es una jornada ganada al confinamiento, un reto para el teletrabajo, los deberes, los exámenes y las clases por turnos en cuatro ordenadores para siete, desafiando la resistencia del wifi que "echa humo".

La declaración del estado de alarma por la pandemia del coronavirus mantiene más unidos que nunca en su vivienda al matrimonio que conforman Rosa y Pedro, que conviven ahora en su casa con cinco de sus siete hijos: Samuel (7), Jorge (13 ), Miriam(16), Dani (18), Belén (21), Mario (23) y Dámaris (26).

Cada día se levantan poco después del alba, y no más tarde de las 9.00 horas ya están todos "en danza", para descansar pasada la medianoche, tras jornadas intensas llenas de deberes, exámenes, videoconferencias y teletrabajo, en las que también hay momentos para el ocio, la música el refugio interior y para pasar más tiempo en familia.

Rosa Huerta, explica que tanto ella como su marido son maestros, y que deben de seguir las clases con sus alumnos, mientras cuatro de sus hijos continúan sin descanso su curso en la universidad y el Bachillerato desde casa, porque el pequeño cursa Educación Primaria.

Daniel, de 18 años, quien ha celebrado confinado su mayoría de edad, prepara además la Selectividad (EvAU), que será del 6 al 8 de julio en Castilla-La Mancha.

Afirma, con rotundidad, que "no están de vacaciones”, que el ritmo es mayor que cuando van a clase, además de que la situación les ha obligado a volverse un poco más "autodidactas", dadas las limitaciones educativas que hay en estos momentos, también para los docentes.

A todo ello se suman los retos digitales en las familias numerosas, ya que Rosa reconoce con humor que el wifi "echa humo", y genera a veces discrepancias, como el tiempo de uso de los ordenadores (tienen cuatro para siete), así que no les queda más remedio que establecer "turnos" con arreglo a las prioridades.

Y eso que "faltan dos" de los miembros de la familia, la primogénita, de 26 años, que vive en Madrid, y el sexto, de 13, que está confinado con el resto de sus compañeros en el Seminario Menor de Cuenca, mientras que el resto comparte un dúplex en la capital conquense, una circunstancia que supone para ellos un "desahogo".

Pueden hacer gimnasia, jugar al voleibol o tocar alguno de sus instrumentos musicales en la parte de arriba de la casa "sin molestar a los vecinos", precisa Rosa, quien destaca que su afición a la música les lleva en algunas ocasiones a tocar el 'Canon' de Johann Pachelbel con el violín o la flauta travesera en el balcón, tras los aplausos de las 20.00 horas.

El mayor de los varones, Mario, entre estudios y entrenamiento físico, prepara ya junto a su padre, de la Tuna de Acción Católica, una iniciativa para cantar los 'mayos' (una música tradicional que se toca por estas fechas) desde las casas el próximo 30 de abril.

En esta familia conquense de categoría especial, (una de las nueve de Cuenca según datos oficiales), también tienen tiempo para jugar al ajedrez o al 'Intelect' con el pequeño de la casa, Samuel, quien iba a recibir la Primera Comunión estos días, aunque la ceremonia ha tenido que ser suspendida por el estado de alarma, explica Rosa apenada.

Sin embargo, no se pierde las sesiones de 'Catequizis', de YouTube, de la mano del director de cine Juan Manuel Cotelo. De vez en cuando, duerme la siesta y colabora en las tareas del hogar, mientras que Pedro, el padre, es de los pocos que sale de casa, "cada dos o tres días" para hacer la compra y llenar la despensa, una cuestión que no ha cambiado en sus rutinas de organización.

Tampoco ha cambiado la alimentación, que intentan que sea "equilibrada", con frutas verduras y cocido, aunque "algunos repliquen a veces con desánimo", confiesa esta 'multimadre' que también se encarga de llevar alimentos y medicinas a los abuelos de la familia, quienes aunque no conviven con ellos, necesitan de sus cuidados.

A pesar de ello, aún le queda tiempo para grabar con mimo algunas canciones y cuentos para sus alumnos de 4 años de un colegio público de la capital, a la vez que busca un hueco para practicar en sus clases de guitarra, pero reconoce que viven con pena y mucha tristeza los numerosos fallecimientos por coronavirus en Cuenca, pero con la esperanza de poder salir pronto a la calle, algo que será posible para los niños, con restricciones, a partir del 27 de abril.

La pandemia los reúne, más si cabe, estos días a las 19 horas para escuchar juntos misa online, y también para rezar el rosario, "por el fin de la pandemia, por los enfermos,...", pero también "por los médicos, y científicos para que encuentren pronto vacuna o remedio".

Lorena Mayordomo

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