Cuando todavía resuenan los ecos de la euforia en las celebraciones por la victoria en la Eurocopa de futbol de nuestra selección española siguen humeantes los últimos rescoldos de nuestros montes en Valencia o Albacete (vaya desde aquí un merecido homenaje y reconocimiento a los trabajadores y trabajadoras forestales, a los agentes medioambientales, al personal de las BRIF y a los miembros de la UME. Verdaderos “héroes” junto a muchos voluntarios y personal de protección civil que son como siempre los verdaderos defensores de nuestro medio ambiente víctima también de las políticas de la mal llamada “austeridad” detrás de las que muchas veces se esconden otros intereses). Entre tanta gran noticia y titulares han pasado de soslayo algunas declaraciones que los más altos dirigentes empresariales de Cuenca y de Castilla-La Mancha han vertido y parece han pasado inadvertidas. Pero que si han vuelto han dejar su impronta y marca de la casa con mensajes claros y directos contra lo que ellos ven como negativo: lo público, el sector público, las administraciones públicas, los empleados públicos.
Tanto el Sr. Nicolás como su correligionario conquense Sr. Sarrión no desaprovechan oportunidad para atacar y cuestionar, sin aportar dato alguno o análisis objetivo, lo que ellos consideran que es “improductivo, desproporcionado, costoso, sobredimensionado, que no genera ingresos”, etc., y al que hay que “poner orden” “adecuarlo a la realidad del país”, “ajustarlo”, y como no “optimizar recursos”. Frase, ésta última, “comodín” que se lleva la palma y aparece en todos los guiones que los empresarios y políticos vienen utilizando desde que la crisis del sistema capitalista se ha impuesto y hay que buscar chivos expiatorios externos.
Todo ello para justificar los recortes en el sector público que como hemos dicho muchas veces, más que el culpable es parte de la solución a esta crisis general y permanente que se está llevando por delante el incompleto estado de bienestar y el modelo social que entre todos acordamos desarrollar (me refiero a las clases trabajadoras y a los empresarios) después de cuarenta años de dictadura político-social y autarquismo económico.
Tan malo es el sector público que, tras decisiones políticas, está siendo quien aporte el esfuerzo y el dinero para rescatar banqueros y bancos, o dedique partidas presupuestarias para compensar las pérdidas de las empresas privadas como por ejemplo las gestoras de autopistas de peaje. Y es aquí donde hay que preguntarles a estos “jefes de empresarios”: ¿No hubiera sido más eficaz y menos costoso haber desarrollado una infraestructura moderna, segura y útil como una autovía en el tramo de Ocaña-La Roda en vez de construir una autopista de peaje?.
Una decisión que nos sigue costando dinero a las arcas públicas para que sea una minoría muy minoritaria quien las utilice o pueda usarla, mientras el trabajador, el autónomo, el transportista, las ambulancias, los autobuses de transporte regular de viajeros, etc., siguen transitando por una cada vez más abandonada e insegura N-301 que atraviesa la Mancha conquense.
La opción de la autovía aprovechando el corredor actual de la N-301 la compartíamos la mayoría de ciudadanos, ayuntamientos, pymes, cooperativas, etc., de las comarcas afectadas pero primó el interés económico y especulativo. Ahora los trabajadores han sido sustituidos por máquinas en los peajes, ni hay estaciones de servicios abiertas, ni establecimientos comerciales. Este es el modelo que defienden para beneficio de unos pocos bolsillos y grandes empresarios.
O también podíamos plantearnos que una pequeña cantidad de las que se van a entregar a las concesionarias de las autopistas de peaje se dedicaran al mantenimiento y mejora de carreteras nacionales tan transitadas por los conquenses como la N-420 o la N-320 (que parece por su estado una carretera provincial).
Y dijo en Cuenca el Sr. Nicolás que la cúpula de la CEOE, (esos que defienden el cementerio nuclear en nuestra provincia, bueno, afortunadamente no todos los empresarios), son del siglo XXI y no tenían nada que ver con “los sindicatos del siglo XIX con bases marxistas”. Le digo como decía un compañero: ¡ojalá fueran los sindicatos como en el siglo XIX, pues otro gallo cantaría¡. Y yo añado: seguro que el sometimiento de los trabajadores, con el apoyo y la colaboración de los políticos que aprueban leyes con un claro sesgo ideológico ultraliberal, no sería tal y la negociación colectiva no sería algo a extinguir; no habría tanta unilateralidad por la parte empresarial e imposiciones propias de la “ley de la selva” o no llegaríamos a la explotación pura y dura, que es lo que parece algunos defienden.
Que nadie olvide que la lucha de clases sigue existiendo, ha existido desde que el hombre vive en sociedad. Marx lo analizó y lo identificó. Y en pleno siglo XXI los de abajo siguen estando abajo y los de arriba siguen estando arriba. Nada ha cambiado. Y es aquí, ahora, en plena crisis, donde las clases trabajadoras, activos, parados, precarios, autónomos, etc., deben organizarse y recuperar su conciencia de clase. Y los sindicatos seguir jugando el papel que les corresponde, estando a la vanguardia y a la ofensiva, teniendo la defensa de lo público como frontispicio de sus reivindicaciones para conseguir una mejor redistribución de la riqueza y una salida justa a la crisis que no hemos provocado los de abajo, la clase trabajadora o el 99% de los ciudadanos.
Angel Luis Castellano Bobillo
Militante de CCOO Cuenca