Para su prevención es recomendable controlar los factores ambientales (contaminación, polución…) y evitar el humo del tabaco. Además, es conveniente tener una alimentación adecuada y en el caso de los niños la lactancia materna, pues esta enfermedad es la principal causa de muerte en niños de todo el mundo.
También es aconsejable la vacunación contra la Hib (Haemophilus influenzae B), neumococo, sarampión y tos ferina.
Los síntomas de la neumonía son variables, dependiendo de las enfermedades crónicas que se puedan padecer y del tipo de microorganismo responsable de la infección, siendo los más frecuentes: tos y fiebre, pérdida de apetito, escalofríos, respiración rápida, dificultosa y con silbidos. En ocasiones su diagnóstico puede ser difícil ya que se asemeja al de un resfriado o una gripe.
Puede estar causada por virus, bacterias u hongos. Además, cabe destacar que existen diferentes tipos de neumonías como la neumocócica, la estafilocócica, la causada por bacilos gramnegativos o la vírica entre otras muchas y que cada una de ellas tiene su tratamiento.
La neumonía puede tratarse con antibióticos prescritos por el especialistas y dicho tratamiento siempre debe estar controlado desde un centro sanitario.