En este sentido, cabe destacar que según el indicador AROPE , un 40,3% de los pacientes con enfermedad crónica renal están en riesgo de pobreza y exclusión social, frente al 28,6% de la media nacional, siendo los pacientes en tratamiento de hemodiálisis los más representativos y los que presentan un mayor porcentaje, concretamente un 48,7%, seguidos de los pacientes en diálisis peritoneal con un 30,4% y de pacientes trasplantados con un 26,1%.
Los pacientes que tienen más probabilidad de acceder a un trasplante son los que más pueden verse afectados en el ámbito sociolaboral ya que, tras recibir el trasplante, vuelven a ser considerados aptos para trabajar, debiendo incorporarse de nuevo al mercado laboral con las dificultades que ello conlleva.
En palabras de Jesús Molinuevo, Presidente de ALCER, “el paciente debe recibir información adecuada sobre las diferentes alternativas de tratamiento desde todos los puntos de vista, incluyendo los aspectos sociolaborales, para poder elegir la ruta terapéutica que mejor se adapte a sus necesidades clínicas, familiares, sociales y laborales. Así evitaremos que los pacientes renales tengan que afrontar, no solo las dificultades que la propia enfermedad les genera todos los días, sino también un elevado riesgo de pobreza y exclusión social”.
Aspectos socio-laborales en tratamiento de diálisis
La protección sociolaboral del paciente en tratamiento sustitutivo renal de diálisis es amplia. Un paciente que comienza un tratamiento sustitutivo renal (TSR) de diálisis con el suficiente número de años cotizados tiene acceso a una incapacidad laboral, habitualmente “absoluta”, para cualquier actividad laboral. Sin embargo, si sus posibilidades de trasplante son altas debe pensar que, una vez trasplantado, la situación puede revertirse y necesitar volver al mercado laboral. Es, por tanto, muy importante la elección de la modalidad de tratamiento, dado que puede afectar a la capacidad de mantenimiento del empleo , . Otros factores que también influyen, además del tipo de técnica, son los años en tratamiento de diálisis y la función física y psicosocial, lo cual puede trabajarse y prevenirse.
Ante esta situación, la diálisis peritoneal domiciliaria, y en especial la opción automatizada, es considerada la mejor elección de tratamiento para mantener la vida laboral activa ya que permite al paciente mantener su calidad de vida, le proporciona mayor libertad, se adapta a su estilo de vida y se puede realizar en el propio domicilio, durante la noche, mientras duerme.
Según un estudio realizado por ALCER, sólo el 33,3% de los pacientes con insuficiencia renal en edad laboral están trabajando. En este sentido, la diálisis peritoneal se plantea como la mejor técnica para mantener activa la vida laboral del paciente, existiendo así notables diferencias en el porcentaje de ocupados en función del tratamiento sustitutivo renal, siendo el más elevado en los pacientes en diálisis peritoneal domiciliaria (76%) y el menor el de los pacientes en hemodiálisis (21,7%). Esto es debido a que la diálisis peritoneal domiciliaria ofrece a los pacientes mejor calidad de vida, les otorga mayor autonomía, les permite ser independientes (es un tratamiento que se realiza en casa) y sobre todo ayuda a mantener su vida laboral activa.