Una sociedad que apuesta con coherencia por la defensa de los derechos humanos de todos no puede hacer distinciones entre “aquí” y “allá”. La dimensión universal de la solidaridad debe ser uno de los ejes fundamentales que vertebra toda sociedad. La persona, esté donde esté, tiene que ser el centro. La solidaridad o es universal o no es solidaridad.
Especialmente en tiempos de crisis, todos debemos mirar bien en qué gastamos el dinero, procurando no gastar ni un solo euro más de lo necesario. Esto es aplicable para administraciones públicas, empresas, familias, etc.… El deber de la Administración Pública es priorizar la utilización de los fondos públicos para proteger los servicios sociales básicos. Esa es la razón de ser de la austeridad.
Es también en tiempo de crisis cuando adquieren más importancia que nunca los programas dirigidos a la promoción del tejido asociativo, la sensibilización de la sociedad sobre la realidad de los países más pobres o la promoción del voluntariado. El contexto actual precisa de redes de solidaridad que minimicen los impactos de la crisis. Estas redes se nutren fundamentalmente con organizaciones que promueven la solidaridad como actitud básica de toda sociedad desarrollada.