Ante estas cifras, no es de extrañar que todo lo relativo al cementerio nuclear se considere una golosina. Pero esta golosina, cada vez se ve más claro, que se va a repartir con criterios que poco tiene que ver con aspectos técnicos y si de conveniencia política y personal de la presidenta de Castilla-La Mancha (María Dolores de Cospedal) que es la que tiene el control.
Desde que Gil-Ortega preside Enresa, parece que importa poco que se disparen los costes. Seguramente pensará que cuanto más cueste la obra más dinero se podrá repartir en prevendas y comisiones (tal y como se puede ver en el caso Bárcenas). Así, las cifras del cementerio nuclear, se ha ido incrementando desde 700 millones en 2007 a 1.00 millones de Euros en la actualidad. Aunque tras la elección de unos terrenos con evidentes complicaciones geomorfológicas e hidrológicas, el presupuesto manejado actualmente podría ser mayor.
Parece que tampoco importa si el proyecto se alarga en el tiempo o si el cementerio nuclear se llega a usar o no en algún momento: para cuando el ATC esté finalizado, todas las centrales tendrán su almacén (ATI). Teniendo en cuenta que el dinero que maneja Gil-Ortega para el ATC, proviene en su mayor parte (unas 3/4 partes) de los ciudadanos que lo han pagado vía impuesto, o en la tarifa de la luz, lo que importa es que ese dinero se gaste y se reparta entre unos cuantos, que, por desgracia, no van a ser los obreros que lo construyan. Aplicando, una vez más, la receta de privatizar los bienes públicos que generan beneficios, a la vez que se nacionalizan las entidades con pérdidas.
La Plataforma pide una vez más la paralización de este proyecto, sin pies ni cabeza, que se ponga un calendario de cierre de las centrales y que entonces, de forma participativa, hablemos de cómo gestionar los residuos nucleares de la mejor manera.