
Aquel día fue bastante complicado en la provincia. La tormenta caída la tarde anterior había salpicado de rayos toda la Serranía Baja y durante la noche anterior y esa misma jornada hubo que atender hasta 12 avisos, todos causados por rayos.

Casi 18.000 ha forestales se vieron afectadas en un fuego que estuvo fuera de capacidad de extinción durante 6 días y que tardó en extinguirse 14. La emergencia transcendió rápidamente el ámbito provincial y desde el primer día se contó con la colaboración de medios de Valencia y los medios nacionales del Ministerio de Agricultura. A lo largo de los 14 días que duró su extinción, también participaron la Comunidad de Madrid, Aragón e incluso el Ministerio de Defensa con dos compañias de la División Acorazada de Brunete.

Año fatídico
Aquel 1994 fue el año con mayor registro de superficie forestal quemada en España. Una intensa sequía afectó especialmente a todo el arco mediterráneo y la zona centro peninsular, que venía a sumarse a la sequía generalizada desde 1991. Las comunidades de Cataluña, Aragón, Valencia, Murcia, Andalucía y Castilla-La Mancha sufrieron especialmente la escasez de precipitaciones. Las lluvias primaverales en la región fueron un 75% más bajas de lo habitual y las altas temperaturas alcanzadas durante el mes de junio provocaron un enorme estrés hídrico en toda la vegetación forestal.

A partir del 14 de julio del año en cuestión, se produjo una potente entrada de la continental sahariana en todo el levante español, con la consecuente ola de calor, que provocaría el segundo episodio de grandes incendios forestales del verano, después del ocurrido la primera semana de julio que también afectó a la provincia de Cuenca.

Si comparamos la situación atmosférica de 1994 con otras de ocurrencia de grandes incendios como la de 27 de julio de 1982 (gran incendio de Valverdejo) o 21 de julio de 2009 (grandes incendios de Las Majadas y Poyatos) observamos una situación atmosférica general muy similar. Aunque en el año 94, la entrada de la dorsal fue especialmente potente. Hoy mismo, veinte años después (17/07/2014), tenemos la misma situación atmosférica. La diferencia entre el comportamiento de los incendios forestales este año, en comparación con 1994, radica en la sequía acumulada sobre la vegetación.

A consecuencia del estado hídrico enormemente deficitario de la vegetación forestal, las altas temperaturas y las bajas humedades relativas nocturnas; el incendio quemó en muy alta intensidad. Y no fue hasta que dicha situación atmosférica revirtió y entraron vientos de levante más húmedos, cuando el incendio pasó a estar dentro de capacidad de extinción y pudo controlarse definitivamente.

No olvidemos que, en este caso, se trató de un incendio de causa natural (dos rayos). Las condiciones meteorológicas extremas, provocaron un comportamiento extremo que no pudo ser contenido por medios humanos. Campañas como la de 2009 o 2012 nos muestran que es factible que este tipo de incendios tan extensos vuelvan a ocurrir, que estamos ante un paisaje que lleva milenios ardiendo por causas naturales y que lo seguirá haciendo. En nuestras manos está evitar la severidad de los incendios y la vulnerabilidad de nuestros bosques, porque el fuego tarde o temprano aparece.
Texto:
Seif Cuenca
Agradecimientos:
A los ingenieros de la UMMT de Cuenca por ayudarnos a bucear en la hemeroteca.
A los ingenieros de la BIFOR de Campillos por las fotos aéreas.
A José Felix Mateo y a Pablo Sánchez por las sugerencias y comentarios.
Y a todos los Agentes Medioambientales e Ingenieros que actuaron en dicho incendio y han querido contarnos sus experiencias.
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