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San Isidro y los ingenieros agrónomos

Por Redacción
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localcuencanewses/5/5/16
viernes 15 de mayo de 2015, 14:49h

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En el frontispicio de la Escuela Superior de ingenieros agrónomos de Madrid

campea una cita que todo estudiante de agronomía aprende en el primer año de carrera:. “SINE AGRICULTURA NIHIL”. De esta categórica cita latina no tenemos constancia de su origen, algunos citan a Columela, contemporáneo de Jesucristo y de Séneca, autor de un tratado de agricultura, “De re rustica”, que constituye el tratado latino más completo sobre los asuntos del campo; otros, se la atribuyen al profesor conde Chaptal, que en su libro “Chimie appliquée a l´Agriculture” (1823) escribe: “sin agricultura no habría sociedad ni patria”, y por extensión, “sin agricultura nada”.

 

 

Tal vez esta breve cita latina - SIN AGRICULTURA, NADA- condensa una realidad que debe hacer reflexionar a los ciudadanos de la Unión Europea. Sin agricultura y, por ende, sin alimentos difícilmente puede subsistir la sociedad. Esta sociedad tiene la “mala“ costumbre de comer y, además, quiere que esos alimentos sean de calidad, cumpliendo unas exigentes normativas de higiene y salud alimentaria, manteniendo el bienestar animal y preservando el medio ambiente. Pues bien, si queremos todo eso es preciso que también garanticemos la persistencia de los agricultores y ganaderos europeos, y que formemos y reconozcamos a técnicos cualificados.

 

Esa breve y enjundiosa cita latina ha quedado grabada la memoria de los agrónomos y se ha transmitido de promoción en promoción hasta pasar a ser nuestro lema. También ha quedado grabado en nuestro interior el nombre de nuestro santo patrón: “San Isidro Labrador”.

Sí, compartimos patrón con las personas del campo español. Es natural. ¡Qué mejor patrón para un agrónomo que “El Labrador”!

Los ingenieros agrónomos escogieron la advocación de San Isidro y todos los 15 de mayo celebramos su festividad. Ese Santo que, allá por el siglo XI-XII, tras una rogativa hacía milagros hidráulicos en forma de lluvias. Ahora, bajo su protección, con humildad y una sólida formación implementamos obras hidráulicas para dotar de riego los áridos secanos que surcan España.

 

Desde que nuestro patrón hiciera los milagros hasta que se constituye la primera escuela de agrónomos trascurren varios siglos. Allá por 1856 se crea, en Aranjuez, la Escuela Central de Agricultura, primera escuela de ingenieros agrónomos. Trasladándose en 1881 a su actual ubicación en la finca denominada “La Florida y la Moncloa”, más conocido como Ciudad Universitaria. A partir de esa primera Escuela han sido muchas las promociones de agrónomos que se han incorporado al devenir agrario bajo el amparo de “San Isidro”.

Actualmente, la profesión de ingeniero agrónomo no es tan conocida como debiera, si atendemos al grado de complejidad, responsabilidad y riesgo que asume el ingeniero. Tal vez se nos haya contagiado ese trabajo duro y silencioso que desde los tiempos del Santo asumen las personas del campo.

 

Sin embargo, han sido muchos los ingenieros agrónomos que ha participado activamente en el desarrollo agropecuario español, por citar algún agrónomo ilustre -a sabiendas que dejo multitud en el granero- cabe mencionar al conquense D. Pedro Julián Muñoz Rubio (nacido en Valverde del Júcar) profesor y Director de la Escuela en sus primero años, promotor de la primera Estación Agronómica y autor de varios libros sobre agricultura; D. José Cascón Martínez, salmantino, fundador de la Granja Experimental Agrícola en Valladolid y autor de un profundo estudio sobre el secano castellano en el que establecía las bases para la producción cerealista española, precediendo a los que posteriormente realizaron los norteamericanos ( que se denominaron “dry farming”); D. Manuel de Mendizábal, introductor de las técnicas de cultivo intensivo en el Sureste español. Más próximos en el tiempo son los conocidos: D. Jaime Lamo de Espinosa, Catedrático Emérito de la ETSIA y Ministro de Agricultura o la actual Ministra de Agricultura, Dª Isabel Garcia Tejerina, reconocida por su profundo conocimiento del “agro” español y de los vericuetos de la U.E.

 

Como vemos la aportación de los ingenieros superiores agrónomos ha sido fundamental en el desarrollo agropecuario español, no en vano se nos forma para enfrentarnos a los elevados retos que nos imponen las ciencias aplicadas y los resolvemos con ingenio, asegurando la seguridad y la salud de las personas, el bienestar animal y la sostenibilidad medioambiental. Ejemplos de ellos son la modernización de las numerosas bodegas, almazaras, panificadoras, queserías, caminos rurales, redes de silos, edificios agrarios, evaluaciones ambientales, obras hidráulicas, etc., que pincelan la geografía Castellano- Manchega; amén de los agrónomos que hacen un trabajo efectivo en la Consejería del ramo o en consultorías profesionales, donde clarifican las cada día más complejas políticas agrarias y siembran de tranquilidad a las personas que requieren sus servicios (https://www.youtube.com/watch?v=LomRzLdINhU#t=201).

Con una actividad profesional que solicita elevadas exigencias, complejos trabajos y grandes responsabilidades no digo que el talento sea patrimonio de los agrónomos, pero sí que muchos de ellos lo atesoran.

 

El quince de mayo, los ingenieros agrónomos de Cuenca, pedimos a nuestro patrón que riegue y colme de frutos el campo español.

 

 

Carlos Fco. Agromayor

Delegado del Colegio de Agrónomos de Centro y Canarias

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