Este inmueble, ubicado junto a la antigua carretera de Alcázar —uno de los ejes históricos que marcaron el crecimiento urbano de Cuenca hacia el sur—, representa un testimonio del desarrollo de la ciudad en torno a las vías del ferrocarril y el origen del barrio de Casablanca.
El edificio, de carácter modesto y tradicional, cuenta con dos alturas y un bajo comercial situado en el chaflán que une la calle Diego Jiménez con el Paseo de San Antonio. Destaca por sus muros de piedra en tono amarillo pálido, su tejar de barro cocido y los elementos de forja en los balcones, rasgos típicos de la arquitectura popular conquense de principios del siglo XX.
A pesar de su valor histórico y estético, las viviendas carecen de protección legal específica, lo que agrava su situación. Su inclusión en la Lista Roja pretende llamar la atención sobre la necesidad de conservar este tipo de edificaciones, que forman parte del paisaje urbano y de la memoria arquitectónica de Cuenca.