Según expone el firmante del documento, la Serranía de Cuenca se encuentra en una situación especialmente frágil desde el punto de vista poblacional, con municipios que se sitúan en el umbral de los 10 habitantes por kilómetro cuadrado, límite que marca la entrada técnica en el denominado “desierto demográfico”. En este contexto, defiende que la existencia de un tejido industrial estable resulta determinante para evitar la pérdida continuada de población. “La diferencia entre precipitarse al vacío o mantener el pulso depende de la existencia de un tejido industrial real, con vocación de permanencia y arraigado al territorio”, señala.
El texto sitúa a la minería del caolín como uno de los principales motores económicos de la zona. En concreto, apunta a los yacimientos de la Serranía, especialmente los ubicados en el término municipal de Arguisuelas, como eje de un ecosistema laboral que trasciende a un solo municipio y afecta a al menos nueve localidades. Según los datos aportados, la actividad sostiene de forma directa a unos 60 trabajadores y genera otros 30 empleos indirectos vinculados a contratas, transporte y movimiento de tierras, además de una amplia red de empleo inducido en sectores como talleres, hostelería, comercio o estaciones de servicio.
“El impacto real va mucho más allá del número de empleos directos”, afirma el autor del texto, quien subraya que las familias que dependen de esta industria residen en municipios como Arguisuelas, Carboneras de Guadazaón, Cardenete, Almodóvar del Pinar, Fuentes, Landete, Mohorte, Arcas e incluso en la capital conquense. A ello se suma una actividad logística diaria de entre 80 y 100 camiones, que, según expone, mantiene activa una red de pequeñas y medianas empresas en toda la comarca.
El documento también introduce una dimensión estratégica al debate, al considerar el caolín como un recurso de interés nacional y europeo. En este sentido, se recuerda que España cuenta con algunas de las mayores reservas de caolín de alta pureza del continente, utilizadas en sectores como la cerámica, la industria papelera o la fabricación de fibra de vidrio. Asimismo, se alude a investigaciones que apuntan a posibles aplicaciones biomédicas y a su uso potencial en el almacenamiento de residuos radiactivos.
En cuanto al impacto ambiental, el autor defiende que la actividad minera se desarrolla bajo estrictos controles y normativas europeas, con evaluaciones de impacto ambiental, planes de restauración y garantías para la recuperación de los terrenos una vez finalizada la explotación. “No debe plantearse como un debate entre naturaleza o industria, porque la convivencia entre ambas es técnicamente posible y ya se ha demostrado”, sostiene.
La moción aprobada por el Ayuntamiento de Carboneras de Guadazaón se enmarca, según este planteamiento, en la defensa de uno de los pocos motores económicos que, a juicio del autor, contribuyen a fijar población y mantener servicios en la Serranía de Cuenca. “En una comarca donde cada empleo cuenta, proteger lo que funciona es hoy la única política eficaz contra el olvido”, concluye.