La cita contó con la presencia de una amplia representación de hermandades, así como del alcalde de Cuenca, Darío Dolz, y del obispo de la Diócesis y pregonero de este año, monseñor José María Yanguas.
Durante su discurso, Sánchez Albendea repasó los principales ejes del año nazareno, destacando la estabilidad económica de la institución, la organización de los desfiles procesionales y la importancia de la transmisión de valores. En materia económica, subrayó que el sistema actual permite atender las necesidades más inmediatas, aunque advirtió de la necesidad de seguir analizando las fuentes de ingresos en el futuro.
En cuanto a la organización, insistió en que la seguridad y el orden son prioridades absolutas, agradeciendo el trabajo conjunto con las autoridades y los cuerpos implicados. También hizo un llamamiento a preservar el sentido auténtico de tradiciones como la procesión Camino del Calvario, criticando comportamientos que desvirtúan el rito de las Turbas.
El presidente puso especial énfasis en la unidad como seña de identidad de la Semana Santa de Cuenca. “Aquí nadie es más que nadie; todas las hermandades son igual de importantes”, afirmó, recordando que el único protagonista es Jesucristo y que los nazarenos son instrumentos de evangelización en las calles.
Otro de los puntos clave fue la transmisión de valores a las nuevas generaciones. En este sentido, destacó el crecimiento de la Procesión Infantil, que este año ha alcanzado cerca del millar de participantes, así como el trabajo de los grupos jóvenes dentro de las hermandades. También valoró positivamente las Jornadas de Formación para directivos, subrayando la importancia de una gestión responsable y preparada.
Sánchez Albendea resaltó además el papel del Museo de Semana Santa, cuya reciente remodelación ha convertido este espacio en un referente cultural y nazareno a nivel nacional, invitando a todos los conquenses a sentirse orgullosos de él.
En la recta final de su intervención, el presidente apeló a afrontar los nuevos retos con valentía y responsabilidad, insistiendo en que la Semana Santa no debe limitarse a un calendario de actos, sino que debe seguir evolucionando sin perder su esencia. “Debemos adaptarnos, innovar y seguir emocionando”, señaló.
Por su parte, el alcalde Darío Dolz reforzó la idea de unidad y destacó la excelencia de la Semana Santa de Cuenca, situándola entre las mejores de España. Además, puso en valor el esfuerzo de los servicios municipales y detalló el Plan de Seguridad, que contará con más de 250 personas velando por el correcto desarrollo de los desfiles procesionales.
El obispo de Cuenca, monseñor José María Yanguas, cerró el acto agradeciendo su designación como pregonero y valorando la evolución positiva de la Semana Santa en las últimas décadas, destacando hitos como el Museo, la formación de las hermandades y la creciente implicación de toda la comunidad nazarena.
Con la mirada puesta ya en el Viernes de Dolores y el inicio de los actos centrales, la comunidad nazarena de Cuenca se prepara para vivir una nueva Semana Santa con el objetivo de que la edición de 2026 sea, como expresó su presidente, “la mejor de la historia”.