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Cómo hacer que una buena inversión sea una inversión perfecta

jueves 28 de febrero de 2019, 23:24h

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La bolsa siempre ha sido uno de los recursos más útiles para los inversores que quieren poner a trabajar su dinero. Históricamente, ha demostrado ser un lugar mejor para capitales que quieren crecer, frente a otras opciones como la renta fija o los metales preciosos. Eso sí, esta mayor rentabilidad tiene sus peligros: la incertidumbre y la posibilidad de sufrir pérdidas significativas. A mayor rentabilidad, mayor riesgo. Esa es la ley de oro del mercado (debería desconfiar de quien te diga lo contrario).

En esta década que nos disponemos a terminar, el mercado ha proporcionado algunas oportunidades históricas de inversión, especialmente en el sector tecnológico. Las empresas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) han batido récords espectaculares a nivel de capitalización bursátil. Y, pese a ello, hay quien ha perdido dinero incluso en un escenario alcista tan favorable como el que han vivido estos gigantes tecnológicos.

Fuente: IG

Por poner un ejemplo, un inversor que compró acciones de Apple a 233 dólares en octubre de 2018 tuvo que soportar que la cotización de la acción bajase hasta los 142 dólares apenas tres meses después. Este ejemplo demuestra que incluso en un mercado alcista hay siempre riesgo de sufrir pérdidas si entramos y salimos del mercado en los peores momentos.

Los contratos por diferencias al rescate

Ahora bien, hay una solución para este problema: los CFD (contratos por diferencia). Se trata de un instrumento financiero que permite abrir una posición de compra o venta apalancada, es decir, abrir una posición por una cantidad mayor del capital del que disponemos. Está concebido principalmente para actuar como seguro de una posición principal tradicional. Por ello, los inversores inteligentes siempre están a la búsqueda del mejor bróker CFD para realizar las coberturas de sus posiciones. Es importante elegir uno que nos cobre comisiones justas y que nos ofrezca todas las garantías a nivel de regulación.

Fuente: Pixabay

Volvamos al ejemplo anterior de Apple. Podríamos haber abierto la posición en esos 233 dólares y abrir un CFD en corto (es decir, apostando por la caída de la cotización de la acción). Podríamos comprar 100 acciones de Apple a la manera tradicional abonando 23.300 dólares (100 acciones x 233 dólares del precio por acción) y asegurar la posición abriendo un CFD por el valor que creamos oportuno, pero sin necesidad de aportar esos 23.300 dólares en este caso (solo haría falta depositar la cantidad mínima de margen que nos exija el bróker de nuestra elección).

Es cierto que abrir esta segunda posición por medio de un CFD hará que tengamos una menor rentabilidad final, ya que si la posición normal de compra tiene éxito y la cotización sube, perderemos dinero en nuestra segunda posición abierta con el CFD. Pero, si la primera posición se tuerce, estaremos cubiertos por el CFD en mayor o menor medida (en función del tamaño de la operación de cobertura que hayamos abierto).

Se trata, pues, de sacrificar rentabilidad por seguridad. Si ejecutamos nuestras estrategias de cobertura de manera inteligente, podremos exprimir la rentabilidad al máximo minimizando al mismo tiempo el riesgo de pérdidas.

Fuente: Pixabay

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