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En defensa de nuestro ferrocarril, como elemento vertebrador del progreso y la civilidad

jueves 19 de agosto de 2021, 21:38h

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En defensa de nuestro ferrocarril, como elemento vertebrador del progreso y la civilidad. De cuando el ferrocarril fue tan importante para los pueblos, que incluso universalizó la hora en España.

Sí, aunque le parezca raro, la llegada del ferrocarril a las diversas zonas de España, no solo favoreció la comunicación y transporte de mercancías y personas, llevó los avances y técnicas nuevas, sino que provocó la adopción de un horario único en toda España.

¿Cómo ocurrió y cuándo? Para poder contestar a esta pregunta debemos trasladarnos primero a casi 150 años atrás, concretamente a octubre de 1884. Es en este momento cuando se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, donde 25 países (fundamentalmente americanos y europeos) de nuestro maltratado planeta decidieron fijar el meridiano cero. Y es que hasta este año, cada país utilizaba su propio meridiano: España, por ejemplo, empleó mayoritariamente dos observatorios de referencia, el de Cádiz y el de San Fernando), Inglaterra el de Greenwich, Francia el de París…, por lo que las cartas de navegación debían ser traducidas a los parámetros empleados por cada nación.

La reunión en principio se planteaba conflictiva, pues cada país quería que la posición a determinar estuviese en su propio observatorio. Para buscar un lugar neutral los franceses quisieron hacer valer la idea de que el griego Ptolomeo ya había establecido el límite del fin del mundo conocido en la Antigüedad en las Islas Afortunadas, y, puesto que luego se descubrió el Nuevo Mundo tras ellas, bien podría establecerse aquí la marca cero (como que ya había fijado Richelieu, en 1684), fijando la isla de El Hierro y su extremo más occidental, la Punta de la Orchilla como la zona deseada (de hecho, desde hacía algunos siglos, algunos venían llamándola la isla del meridiano). La propuesta francesa finalmente no fue aprobada, por más que nos hubiese gustado a los españoles.

De hecho, ni siquiera fue votada a favor por nuestro embajador, a la sazón mi muy admirado autor de «Pepita Jiménez», Don Juan Valera y Alcalá-Galiano. Así ganó Greenwich por 22 votos, de los 25 emitidos. En dicha reunión de 1884, además, se establecieron los husos horarios en fracción de 24 horas. ¿Y qué tiene que ver el meridiano con los trenes y las horas? Tranquilo, ya llegamos, no se impaciente. Hasta el momento de establecer el meridiano, todos los países tenían su propia hora “solar”, siendo en España la oficial la de Madrid. Pero en realidad, las distintas poblaciones, provincias y regiones (en el caso de España) tuvieron siempre -y tienen efectivamente- distintas horas “solares”, pues entre un extremo de la península (A Coruña) y el otro (Girona), por ejemplo, había y hay un desfase de luz solar de una hora, mayor con las islas, tanto Canarias como Baleares.

Con la puesta en funcionamiento de los trenes, que podían hacer largos recorridos, el reloj de las estaciones marcaban diferente hora a la de los viajeros, de tal manera que un viajero de Madrid, por ejemplo, al llegar a Barcelona tenía un desfase de media hora, teniendo que sincronizar su útil adorno a la hora local. En España y en el resto del mundo (ya sabemos de la puntualidad del tren anglosajón) esto era un problema, por lo que se decidió que era necesario unificar el horario de todas las estaciones de ferrocarril al fijado por Greenwich, tal y como expuso el Presidente del Consejo de Ministros de España, a la sazón D. Francisco Silvela, en julio de 1900, en el Real Decreto de 26 de julio de 1900: «el desarrollo continuo y feliz de las líneas férreas y de navegación creando rápida facilidad en las comunicaciones y la casi supresión del tiempo en las efectuadas por corrientes eléctricas, de tal modo han reducido las distancias aproximando los momentos de ejecución de gran número de hechos, que han llegado a exigir una variación radical en el modo de contar el tiempo, unificando todo lo posible las diferencias originadas por las posiciones geográficas de los diversos puntos de la tierra», por lo que propuso a la firma de la reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena en ese Real Decreto que a partir del 1 de enero de 1901, con el comienzo del siglo XX, «el servicio de los ferrocarriles, correos, telégrafos, teléfonos y líneas de vapores de la península e Islas Baleares, así como el de los ministerios, tribunales y oficinas públicas, se regulará con arreglo al tiempo solar medio del meridiano de Greenwich, llamado vulgarmente tiempo de la Europa occidental». Y así fue como el meridiano de Greenwich y el ferrocarril marcó para siempre nuestro tiempo.

¿Para siempre? Todos hemos visto desde niños ese reloj de la estación marcando las horas. Horas que parecen detenidas y que nos quieren quitar. El pitido del tren marcó las horas de la localidad, siendo escuchado a lo lejos, en la inmensidad del campo por los agricultores. Era atracción de chiquillos ver bajar y subir viajeros de esas viejas locomotoras que tardaron decenios en modernizarse, y que tras más de veinte años sin mejoras en los últimos se quiere dejar morir… Pero eso solo es añoranza.

Fueron los empresarios de Cuenca los que más interés pusieron hace 100 años en que el tren uniera Cuenca con Valencia para emprender nuevas actividades. Ahora ya no ven prosperidad en este río artificial, que, sin embargo, para las localidades por las que fluye son esenciales como vehículo vertebrador y de supervivencia poblacional para acercarles servicios básicos y esenciales (como es la sanidad, por ejemplo), y, que para Tarancón, por añadidura, es fundamental para su desarrollo como referente logístico del Puerto de Valencia. Quizá ellos no lo vean… ¿Pero nosotros tampoco vemos este carácter esencial para el futuro desarrollo poblacional e industrial de la ciudad? ¿Tan ciegos estamos? Otras localidades (Alcázar, Albacete…) vienen luchando y lucharán por defender su zona estratégica, potencial y visión de futuro, consiguiendo mejoras año tras año en su línea y estaciones, para hacerse con el objetivo de ser ese referente.

¿No podemos conseguirlo también nosotros? No olvidemos que estamos en el año europeo de potenciación y defensa del ferrocarril, como alternativa al uso de camiones para el transporte de mercancías y de autobuses y vehículos particulares para el de personas, por su seguridad, sostenibilidad e innovación..., y que con los nuevos fondos europeos conseguidos por el Presidente Sánchez, podemos hacer una gran propuesta desde Castilla La Mancha, desde el conjunto de Cuenca, para revitalizar y poner las bases de un futuro prometedor para nuestros pueblos. ¿Seremos capaces?

Raúl Amores Pérez

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