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La deshumanización e ilegalidad en el funcionamiento de los servicios públicos

lunes 14 de noviembre de 2022, 00:40h

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Mi padre siempre me decía que la ley debe ser justa, honesta y posible.

Mi hijo estudia en la Universidad de Bellas Artes de Cuenca, siendo residente en Toledo, por lo que alquiló una habitación en un piso con otros estudiantes en Cuenca.

Por fatalidades de la vida, el martes sufrió un accidente, por caída, resultando que el traumatólogo le ha indicado que no plante ese pie durante al menos cuatro o seis semanas, sin perjuicio de lo que proceda cuando finalice todas las pruebas médicas, y que es inviable que regrese a Cuenca al residir allí en un piso cuarto sin ascensor.

Las indicaciones del médico mi hijo las recibe con disgusto porque estamos en unas fechas muy comprometedoras del curso, en las que los exámenes y entregas de trabajos están ya encima. Así pues, me dice mi hijo: “si viviera junto a la universidad no tendría problema para seguir mis clases normalmente, desplazándome con mis muletas". Es en ese momento cuando se me enciende la luz y decido contactar con la “Residencia Universitaria Bartolomé Cossío", y pienso: “Dios mío, ojalá tengamos suerte y les quede alguna plaza vacante”.

“Que suerte y qué decepción y desgaste a la vez”. Casualmente les queda una plaza disponible en una habitación con otro estudiante, lo cual es algo extraordinario en estas fechas, dado que las plazas se cubren siempre al iniciarse el curso. La vacante se debe a que un estudiante hubo de abandonar su plaza por motivos justificados. Cuando les explico la situación de mi hijo y que necesitaría esa habitación solo por unas semanas, aún por determinar, en un inicio me dicen que si se marcha antes de finalizar el curso pierde la fianza, salvo que venga otro estudiante o un erasmus y ocupe la plaza en cuanto él se marche; yo asumo la pérdida de fianza porque es la única solución para mi hijo, ya que la residencia está a diez metros de la Facultad de Bellas Artes (justo enfrente). Posteriormente, me vuelven a llamar y me dicen que no, que mi hijo debe pagar el curso entero si ocupa la plaza que les queda, que lo recoge la convocatoria de plazas de 6 de junio de 2022, por resolución de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de CLM.

Ante todo, lo anterior, yo pienso, esta norma no es legal, porque atenta contra derechos fundamentales, y desde luego no es honesta. Me leo las órdenes y resoluciones referentes a la concesión de plazas en Residencias Universitarias, y, desde luego, el supuesto concreto de mi hijo no se contempla.

Hablo con la Consejería de Educación en Cuenca y quien me atiende dice que entiende que deben solucionar el problema a mi hijo y permitirle su estancia en la Residencia durante el tiempo que lo necesite pues es una plaza pública desocupada pero que debo hablar con la Consejería de Toledo, con la persona que gestiona el tema de las Residencias. Consigo hablar con esta persona y me dice que ellos gestionan la concesión de plazas cuando comienza el curso y hasta que finaliza el plazo de solicitud pero que, posteriormente, es una empresa privada la que tiene encomendada toda la gestión y que de ellos depende el que podamos alcanzar un acuerdo. Increíble pero cierto; finalmente, la prestación de un servicio público, que de alguna manera todos financiamos, queda en manos de una persona, que se llama director o directora, que depende de una empresa privada y que, a su criterio, sin atenerse a ninguna norma, decide en cada momento. Y digo “a su criterio”, con razón de causa, dado que, visto el panorama, intenté y finalmente, después de llamar más de 20 veces, conseguí hablar con la otra Residencia Universitaria cercana ( a escasos 50 metros), la Juan Jiménez de Aguilar, en la que, tras exponer nuevamente nuestro caso, (pero sin comentarles mi intento y la respuesta de la otra Residencia), pruebo suerte, aún a sabiendas de que la empresa privada que lo gestionaba era la misma, en la confianza de que el director o directora fuera otro, y me atiende una señora muy amable que dice tener justo solo una plaza en una habitación con un estudiante de Turquía, y casi me da el si por respuesta, al ponerse en nuestra situación y entender la situación de necesidad en que nos encontramos, pero queda en llamarme porque debe consultar al director/a.

Recibo finalmente llamada de la Residencia Juan Jiménez de Aguilar y me dan la misma respuesta que en la otra, pero añaden: “otros años, si nos han sobrado más plazas, una vez iniciado el curso, hemos alquilado las habitaciones a trabajadores de la calle por el tiempo que hayan necesitado, eso sí, acordando con ellos un precio algo superior al de los estudiantes”. ¡Qué barbaridad y que ingenuidad! ¡Cómo pueden tener la desfachatez de contarlo!

Ante algo así ¿debemos callarnos? NO.

Huelga decir que en todo momento les dije que les firmábamos un compromiso de marcharnos si algún estudiante solicitaba esa plaza para todo el curso restante.

Nuestro problema es que necesitamos una solución de hoy para hoy, sin tiempo material para quejas o recursos ante la Administración, porque ¿de qué me sirve que me den la razón al acabo de unos meses?

Así pues, al menos me queda el derecho de expresión, o derecho al pataleo (dicho vulgarmente) y es por ello que quiero transmitir mi caso a todo aquél que quiera conocerlo y así, quizás encuentre una solución humana, honesta y posible, por quien se haga eco del mismo.

Sonsoles R.R.

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