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A Inmaculada Cruz, compañera, amiga

Por Redacción
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miércoles 07 de agosto de 2013, 20:39h

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Hoy ya no estás. Hoy, querida Inma, no estás entre nosotros, pero a pesar de eso, tu recuerdo, trabajo, tenacidad, elocuencia y cariño se mantiene para todos muy presente.

 

Queremos que este escrito sirva de recuerdo y homenaje hacia ti, hacia tu persona, el trabajo que has hecho en política, pero a la vez queremos que sirva de recuerdo público a esos momentos que pasamos los cinco juntos en el despacho del GMS durante la pasada legislatura y de la que tanto aprendimos juntos.

 

 

Aquellos fueron años muy duros, con una legislatura muy tosca que poco a poco fuimos sacando adelante. El inicio no fue fácil pero con mucho tesón y trabajo la maquinaria se fue engranando gracias a ti que cuando aparecías por la puerta del despacho repartías tarea para todo aquel que por allí pasara. El tiempo fue haciendo que esa relación política y de trabajo se convirtiera en una relación personal muy fuerte, en la que los momentos de complicidad afloraban a cada instante. Jamás hemos visto a nadie con la capacidad de trabajo que tú tenías y jamás encontraremos a nadie con un corazón tan grande como el tuyo. Siempre estabas atenta a lo que nos pasaba, a nuestras preocupaciones, siempre encontrabas la palabra de cariño y el modo de ayudarnos.

 

Ahora son muchos los recuerdos de aquella legislatura, duros, muy duros, y de trabajo, mucho trabajo, pero siempre encontrábamos un momento para reír, tu sonrisa siempre nos lideraba. Siempre encontrabas el momento para abroncar a Pepe por su impuntualidad crónica, para parar a Javi y que no elucubrara tanto, para darle puyazos a Ramón y que espabilara, y para meterle prisa a Ana para que terminara esos escritos tan perfectos que tú querías siempre. Y todo con un cariño difícil de olvidar (aunque a veces nos dabas miedo).

 

Aún recordamos el día que nos dijiste el terrible diagnóstico: “Chicos, me han detectado un cáncer”, lo dijiste con una gran entereza y al marchar los que nos desmoronamos fuimos nosotros. Nos quedamos huérfanos de ti pero tú siempre nos animaste, dijiste que lo superarías y lo único que nos pedías era que trabajáramos, que para eso eras nuestra “jefa”. Así lo hicimos; trabajamos por y para ti en tu ausencia, en tus estancias en el hospital, en los ciclos de quimio y así cuando llegaba el día del Pleno lo teníamos todo organizado como tú querías porque queríamos que estuvieses orgullosa de nosotros y así nos lo hacías ver al terminar. Es más, si en alguna ocasión (las menos) tu enfermedad te impedía acudir, en cuanto acabábamos ya estaba sonando el móvil para preguntarnos qué tal había ido.

 

Así fueron pasando los cuatro años, entre trabajo, tus idas y venidas al hospital, latas de coca-cola, bolsas de gusanitos y cariño. Remontabas y volvías a caer, pero siempre luchando contra las injusticias y contra tu enfermedad, que fue la mayor de las injusticias.

 

Tú nos hiciste ver lo que era la Política con mayúsculas, lo que significaba dedicarse en cuerpo y alma a la misma, al servicio de los demás. Nuestro despacho siempre estaba abierto para todos, trabajábamos para los demás a deshoras, a cualquier hora… No importaba quién fuera y siempre nos recordabas que había que dedicarle más tiempo a quien más falta le hacía. Por eso, Inma, en estos tiempos de desprestigio de la clase política tú eras todo lo contrario: dedicación, honradez, valentía, sacrificio. Eres un ejemplo a seguir, pues a pesar de que tu salud te iba poco a poco abandonando tú nunca abandonaste tus obligaciones públicas, jamás faltaste a un compromiso por los ciudadanos, jamás dejaste de trabajar y esto lo saben todos aquellos que te conocieron. Por eso a los que hablan mal de la clase política les aconsejo que se enteren antes de lo que tú eras, de lo que fuiste y de que serás un espejo para muchos.

 

Hoy, Inma, no estás entre nosotros pero tu legado perdurará siempre. Gracias por enseñarnos, gracias por liderarnos, gracias por habernos dado todo y gracias por haber compartido tu amistad y cariño. Ya no estás físicamente, pero siempre estarás a nuestro lado porque somos un poco parte de ti. Nosotros seguiremos aquí, luchando y cumpliendo tus órdenes de trabajar, trabajar y volver a trabajar por los demás, por unos ideales socialistas, por un PSOE en el que creías, por una ciudad que amabas, por unos conquenses a los que querías y por unos derechos por los que luchaste hasta el último día. Y como siempre procuraremos defenderlos para que estés orgullosa de nosotros allá en donde estés.

 

Por eso el otro día, mientras Mangana doblaba lágrimas de dolor, los cuatro nos conjuramos para ello y por eso te gritamos desde el corazón: ¡¡¡Hasta siempre compañera!!!

 

 

Ana Isabel Cubillo Herráiz

José María Lázaro Cebrián

Ramón Pérez Tornero

Javier Priego Moreno

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