Competitividad basada en deficiencias sociales y precio del combustible sostenido
Todos sabemos que las condiciones de trabajo de los empleados chinos no son las más favorables, ya que a las deficiencias en su "seguridad social" hay que unirle los bajísimos salarios y las grandes jornadas laborales que pueden llegar a superar los dos tercios de día en lo que a su duración se refiere. Este hecho trae como consecuencia un abaratamiento de los costes respecto a cualquier país desarrollado, ya que en estos, un seguro de trabajo es algo incuestionable y existen unos derechos del trabajador que evitan una sobreexplotación y garantiza un sueldo mínimamente digno.
El precio del combustible es importante debido a los costes de transporte para trasladar los productos producidos allí y que sean repartidos al conjunto de los lugares de consumo. En los últimos años el petróleo ha mantenido una cierta estabilidad a pesar de repuntes y valles en diferentes momentos, esto ha permitido que aunque los precios de los productos hayan asumido los costes de transporte, se mantuvieran estables.
No obstante, este éxito se está viendo aminorado de una forma alarmante en estos últimos años. Sigue manteniendo porcentajes de crecimiento que no están al alcance de ningún país desarrollado, pero ellos empiezan a tenerlos en cuenta e intentan ponerles coto para revertirlos y volver a los índices que estaban acostumbrados.
El dato más significativo, en el que se puede ver la desaceleración, es en las previsiones de crecimiento para este año, las cuales se sitúan entorno a un 7,5% frente a los 10%, que vienen obteniendo como media en los últimos años. Las exportaciones en la primera mitad de año se han visto contraídas no llegando al valor 50 del índice chino de gerentes de compras (indicador del comercio chino elaborado por HSBD, el cual por debajo de 50 indica que se está dando una contracción). Para más datos, en febrero, el Banco Mundial (BM) y el Development Research Center elaboraron un informe denominado "China 2030". En él se indican algunas directrices a seguir por el gigante asiático si quiere mantener la senda actual. El texto alienta al país a promover la innovación, la competitividad y la iniciativa empresarial como medios para el crecimiento económico, en lugar de dejar que el crecimiento dependa primariamente del Gobierno.
A estos razonamientos hay que añadirle tres factores básicos que pueden ser los serios culpables de que mantenerse cada vez sea más una utopía que una realidad:
Crisis en la Zona Euro: por todos es sabido la actual situación que está viviendo Europa casi en su conjunto, y de lo único que somos conocedores, de momento, es de la situación tan dramática actual, pero el final de la misma se antoja complicado poder saberlo. Por ello
China, está viviendo un descenso considerable de sus exportaciones y por ello su PIB se está viendo afectado.
Demanda de garantías sociales: para que nos hagamos una idea, en la actualidad hay unos 280 millones de personas en China que tienen un poder adquisitivo similar al de un ciudadano de cualquier país desarrollado, y a esto hay que sumar 14 millones que cada año se incorporan a ese poder adquisitivo. Pues bien, de ello se puede deducir que los requerimientos de los ciudadanos son cada vez mayores, tanto de seguridad laboral como de sueldos. Por ello, el dotar de esos derechos fundamentales al trabajador se incurre en un aumento de costes de producción, lo que repercute en el precio del producto. ¿Eso qué quiere decir? Pues algo tan básico como que se da una pérdida de competitividad, haciendo que esos productos que antes eran un "chollo" ahora no lo sean tanto.
Precio del combustible: en los últimos años estamos viviendo como denominador común unos repuntes del precio del petróleo. Como promedio el precio ha aumentado y por tanto los precios del transporte también, ya que el sector no va asumir pérdidas por no repercutirlo en el servicio. En el caso de China este hecho le afecta de forma directa, ya que para la distribución de los productos por los diferentes países es necesario el transporte. Por ello, un incremento del precio del combustible produce un incremento de los costes del transporte y todo ello es asumido por el producto aumentando su precio, trayendo como consecuencia también una pérdida de competitividad.
Para cerrar el círculo del razonamiento, y teniendo en cuenta estas dos últimas cuestiones, decir que cuando un producto sufre una pérdida de competitividad tiene menos mercado donde ser vendido ya que no es tan rentable para el vendedor en cuestión, y si no es vendido la consecuencia básica y directa es que no es producido. Cuando este hecho se da con una cierta frecuencia en los productos de un país lo que produce es un descenso del PIB (ya que PIB es igual a lo que se produce más los servicios que se prestan expresados en valor monetario), que es precisamente lo que este año ya le va a suceder a China.
Una consecuencia externa de todo ello es que posiblemente tengamos que volver a una práctica que hace décadas era algo habitual, producir donde se consume. Para que se pueda dar este hecho el precio del combustible debe mantenerse a la alza.
Llegado este momento es difícil saber cuánto durará el abrumador dominio del comercio y de la industria china, pero la decadencia llegará tanto en cuanto los tres factores anteriores se agudicen.
De lo que tenemos que estar seguros es de que su fin existe y posiblemente esté más cerca de lo que podamos imaginar.
Vidal Gascón Culebras