Él era CARLOS CARRILLO.
A quienes le conocimos y gozamos de su entrañable amistad, nos hizo sentir hombres y que disfrutar los sinsabores de aquella época, porque a los que estábamos a su lado, y a pesar de faltarnos casi de todo, nos hizo acreedores de su alegre y simpática juventud, así como de su impronta intuición , que sé, a buen seguro, habrá sobrevivido con Él hasta su último suspiro.
Carlos,no me queda la menor duda de que estarás junto al PADRE, porque ÉL necesita de almas inteligentes y sagaces como tú.
Descansa en paz y si desde el “azul” lees estas lineas, sepas que en Cuenca, aquí en tu patria, un buen puñado de amigos siempre te recordará.
Antonio Moreno Saiz