La Semana Santa es la fiesta grande de los cristianos. Recordamos a Jesús de Nazaret, que pasó haciendo el bien, curando toda clase de dolencias, y enseñándonos, con su ejemplo, el verdadero camino del amor, de manera especial a los más necesitados; que fue rechazado por las autoridades políticas y religiosas de su tiempo; que murió en una cruz a las afueras de la ciudad de Jerusalén como un delincuente peligroso y que resucitó al tercer día. Su vida fue una Buena Noticia de Amor, llena de sencillez y generosidad.
En Semana Santa los cristianos celebramos los misterios fundamentales de nuestra fe.
Jueves Santo, una Cena Pascual donde el Señor lava los pies a sus discípulos, donde se hace pan y vino enseñándonos el verdadero sentido de la vida, el servicio y entrega por amor, que le llevaría a la muerte en cruz el Viernes Santo, "en verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda él solo; pero si muere, da mucho fruto (Jn. 12, 24).Y Jesús brotó el Domingo de Resurrección en una primavera eterna de amor.
Por tanto su vida y su mensaje, su pasión, su muerte y su resurrección son el eje central de las celebraciones de estos días. La actualidad de su mensaje y su incidencia en nuestras vidas, en nuestras comunidades cristianas, en nuestra ciudad, debería ser el eje fundamental de nuestras celebraciones. La dura y desesperada situación por la que pasan muchas personas y familias de Cuenca y de nuestro mundo ¿no debería estar en el centro de nuestras preocupaciones? El ayuno que yo quiero es este: abrir la prisiones injustas... dejar libres a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que está desnudo, y no cerrarte a tu propia carne(Is. 58).
Por mucha perfección que haya en la organización de los desfiles, por mucha belleza que haya en las imágenes, por el marco incomparable de la ciudad, si Jesús de Nazaret no es el verdadero protagonista de la Semana Santa, todo puede quedar en vanidad de vanidades y mero folklore. Si el rostro dolorido de Jesús, en las imágenes que recorren nuestras calles, no nos lleva al encuentro de los rostros doloridos de nuestros hermanos crucificados, hoy, por el paro, los desahucios, la pobreza, la marginación, el hambre..., es que hemos sustituido el verdadero protagonista de la Semana Santa y Él, entonces, no está en nuestras procesiones.
"En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños a mí
me lo hicisteis...” (Mt. 25).
"Hoy la pasión está en nuestras casas y calles. Y a sus pasos podríamos ponerles nuevos nombres: el paso de los ancianos solos y abandonados; el paso de la familia azotada por la incomunicación, rupturas y divisiones; el paso del joven excluido del mercado de trabajo; el paso del que duerme en un cajero automático o en un portal de la calle; el paso del enfermo, el desempleado, del toxicómano; el paso del inmigrante utilizado y después expulsado; el paso del desahuciado por el mismo que le vendió la cuerda del ahorcado; el paso del pequeño empresario fracasado; el paso del español honrado ahogado en un mar de impuestos e intereses mientras el capital de los defraudadores reposa plácidamente en paraísos fiscales. Algunos pasos tienen también rostro de mujer: rostro de mujeres maltratadas, de mujeres jóvenes víctimas de la trata y sexualmente explotadas, de mujeres luchando solas por sacar adelante los hijos y la familia. Esta es la pasión de Dios hoy. Y esta es la pasión de la que hemos de ser también pregoneros". (Vicente Altaba. Delegado Episcopal de Cáritas Española. Pregón de Semana Santa en Teruel) Es necesario, por tanto, que todos volvamos nuestra mirada al rostro sufriente de Jesús en el hermano, que nos lleva a la vida y a la resurrección por amor, y que sea el verdadero protagonista de la Semana Santa. Entonces estaremos en el camino de construir una Iglesia pobre para los pobres según el deseo del papa Francisco.
"Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida brotará la carne sana, te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: aquí estoy"(Is.58).
Y al final la Pascua. Cristo vive resucitado en el amor.
Una nueva humanidad, un hombre nuevo, basado en el amor, está brotando por doquier.
Son hombres y mujeres que caminan ligeros de equipaje hacia la tierra prometida de la libertad.
Son hombres y mujeres, Cirineos y Verónicas, que limpian las lágrimas de dolor y alivian con amor el peso duro de las cruces de sus hermanos.
Son la semilla de una generación nueva que siguiendo las huellas del Resucitado están construyendo un mundo mejor. Y podremos decir: ¡Cristo vive!, ¡ha resucitado!
Y el fuego de su amor ha prendido ya en toda la tierra.
Silvestre Valero
Director de Cáritas Diocesana de Cuenca