Las restauradoras que han llevado a cabo la recuperación de La Crucifixión, por su parte, destacaban la gran valía pictórica del mismo y el mal estado en el que se encontraba. La pérdida de clavos y algunas roturas, así como reparaciones inadecuadas con grapas y parches en la trasera, habían producido deformaciones y arrugas que hacían necesaria una restauración urgente para evitar que la pintura se viera aún más afectada. También ha sido necesario realizar una limpieza de la obra ya que además de la suciedad acumulada de polvo, humo de velas..., la capa de barniz se había oxidado y oscurecido, impidiendo apreciar la imagen en su totalidad.
Por lo que se refiere al proceso de restauración se ha centrado en conseguir que el soporte recuperara consistencia y tensión, eliminando las deformaciones y realizando microcosturas en las zonas de roturas. Posteriormente se realizaron unas bandas perimetrales que permitieron tensar la obra en nuevo bastidor de mejores características que el original.
Tras la restauración de la obra, es posible apreciar la calidad de esta pintura en la que dentro del momento de la Crucifixión, el artista eligió el preciso instante de la Elevación de la Cruz para poder mostrar su talento y conocimientos de anatomía.
De esta manera, la cruz marca la diagonal de la composición, sobre la que se representa el cuerpo blanquecino de Cristo, resaltando su pureza frente a otros personajes en tonos más ocres como soldados y los ladrones crucificados: Dimas y Gestas. La Virgen acompañada por S. Juan, el discípulo predilecto, implora mientras cruza su mirada con la de su Hijo.
Completan la escena los verdugos, que con posturas forzadas izan la cruz mientras un cortejo de personajes a caballo y con lanzas, asisten desde el fondo al acto final de la Pasión de Cristo.
El acto de ‘entrega’ del cuadro a la parroquia finalizaba con un breve acto de bendición que ofició el párroco Antonio Carbajo.