Como digo, esto solo demuestra que el PP sí tiene un buen aparato comunicativo que, obviamente, acertará más o menos, se equivocará y rectificará como hacemos todos en nuestros quehaceres diarios. Pero que tienen una línea comunicativa, sin duda.
Esta línea es, desde hace meses, la de decir que la crisis ha pasado, que es historia. No es casualidad que la crisis “pase” cuando se acerca el año electoral. Por supuesto no es casualidad, es comunicación. El problema principal del PP, en este caso, es que su campaña comunicativa se basa en una mentira que no por repetida miles de veces se convierte en verdad. Como mucho podríamos valorar, y no es mi opinión al respecto, si hay algún cambio en la macroeconomía, esa de la que a diario nos ofrecen miles de datos que ni entendemos su repercusión ni, en ocasiones, la tiene para el currito de a pie. Esa bajada de la prima de riesgo, del interés del bono a 10 años, la subida de las exportaciones –dato a analizar en otra ocasión-, la bolsa que crece o decrece, etc… no sirve, por muy correctos, acertados y positivos que sean sus datos, para que el Sr. y la Sra. Fernández Fernández paguen el alquiler o la letra, la ropa y los libros de los hijos o arreglen la avería de la calefacción.
Y ahí entra el tema principal de la cuestión. Al PP no le ha faltado piel para gobernar estos cuatro años, le ha faltado, entre otras muchas cosas, hasta humanidad. Ha legislado en contra de los intereses de la mayoría y a favor de una minoría, muy seleccionada por cierto y que cambia poco desde tiempos inmemoriales en este país, tomando medidas que han puesto contra las cuerdas al españolito de a pie. No se ha puesto en serio a parar los desahucios, incluso cuando algún parlamento (como el andaluz y gracias a la consejería gestionada por IU) ha tomado alguna medida más avanzada, la ha frenado.
Cuando peor lo pasábamos las y los ciudadanos ha despedido decenas de miles de trabajadores públicos, aumentado el IVA y otros impuestos y ofreciendo, a cambio, menos servicios o más deteriorados. Hemos constreñido el gasto público para, al echar cuentas, ver que se ha aumentado la deuda más que nunca en este país. Se ha puesto al servicio de unas políticas económicas, muy viejas por cierto, que no han conseguido nunca otra cosa que arruinar poblaciones, privatizar los servicios públicos y crear las mayores desigualdades sociales (véase los Chicago Boys)
Y en esas, después de pasar como el caballo de Atila por encima de nuestro pequeño Estado Social (e incluso de Derecho con otras medidas) llegan las elecciones y la culpa no puede ser de unas decisiones que eran obligatorias e irremediables (imponiendo el pensamiento económico único), sino de su mala explicación por falta de política comunicativa. No sé si, en el fondo, incluso tenemos que estar satisfechos de que ese sea el mensaje porque, viendo cómo está el patio, podría haber sido incluso peor si en vez de culpar a su comunicación lo hubieran hecho a nuestro raciocinio y comprensión, todo se andará.
Jacobo Medianero Millán
Candidato a la Alcaldía de Mota del Cuervo