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San Antón arropa al ‘Amarrao’ en su Vía Crucis entre velas e incienso
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San Antón arropa al ‘Amarrao’ en su Vía Crucis entre velas e incienso (Foto: cuencanews.es)

San Antón camina a la luz de las velas y el olor a incienso en el Vía Crucis del ‘Amarrao’

Por Redacción
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localcuencanewses/5/5/16
sábado 21 de febrero de 2026, 01:52h

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El barrio de San Antón vivió en la noche del viernes uno de los actos más emotivos de la Cuaresma con el tradicional Vía Crucis de la Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna. Tras la celebración de la Eucaristía en la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz, la Imagen recorrió sus calles en un ambiente de silencio, oración y profunda devoción.

La noche del viernes volvió a teñirse de recogimiento en el barrio de San Antón con una de las citas más íntimas y esperadas de la Cuaresma conquense. La Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna celebró su tradicional Vía Crucis con la Imagen Titular, en un acto cargado de fe, silencio y profunda emoción.

La cita comenzó a las 19:15 horas en la Parroquia de Nuestra Señora Virgen de la Luz, donde se ofició la Eucaristía previa al rezo del Vía Crucis. La misa estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Cuenca, monseñor José María Yanguas, y contó con el acompañamiento del Coro de Cámara “Alonso Lobo”, cuyas voces envolvieron el templo en una atmósfera de solemnidad y oración.

Tras la celebración litúrgica, y ya pasadas las 20:00 horas, se abrieron las puertas del templo para dar comienzo al Vía Crucis por las calles del barrio. La talla de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, presentada en esta ocasión sin el sayón que le azota cada Jueves Santo, avanzó lentamente portada por los banceros del pasado desfile de Paz y Caridad. La ausencia de esa figura secundaria acentuaba aún más la mirada serena y sufriente del Señor, invitando a la contemplación personal del misterio del dolor y la redención.

El cortejo estuvo acompañado musicalmente por el trío de Capilla de Cuenca, cuyo repertorio contribuyó a crear una atmósfera especialmente propicia para la reflexión y la meditación propias de este tiempo litúrgico. Las notas, suaves y contenidas, se fundían con el murmullo de las oraciones, el leve crepitar de las velas, el olor a incienso y el rugir de río Júcar marcaron un años más Vía Crucis.

El itinerario fue el habitual: calle San Lázaro, avenida de los Alfares, calle Belén y calle Hermanos Pérez del Moral, regresando posteriormente por el mismo recorrido en sentido inverso. A lo largo del trayecto se realizaron catorce paradas, correspondientes a las estaciones del Vía Crucis, cuyas lecturas fueron compartidas por los propios hermanos y fieles.

En cada estación, el silencio se hacía más profundo, roto únicamente por la proclamación de las meditaciones. Con velas encendidas entre las manos y el rezo susurrado acompañando cada paso, vecinos y hermanos caminaron tras la Imagen, transformando las calles de San Antón en un auténtico templo al aire libre.

La luz tenue de las velas, el sonido acompasado de los pasos y la presencia cercana del Señor amarrado a la Columna ofrecieron una estampa de intensa espiritualidad. Un año más, la Hermandad volvió a convertir esta noche cuaresmal en un momento de encuentro con Cristo, de examen interior y de preparación para la inminente Semana Santa.

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