El casco antiguo de Cuenca vivió en la tarde de este sábado un emotivo Rosario Vespertino presidido por la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, una cita que permitió recuperar el espíritu de la antigua procesión del Sábado Santo. Numerosos hermanos y fieles acompañaron el rezo del rosario por las calles medievales de la ciudad en un acto cargado de recogimiento con motivo del décimo aniversario fundacional de la hermandad.
El corazón histórico de Cuenca fue escenario en la tarde de este sábado de un emotivo Rosario Vespertino presidido por la talla de Nuestra Señora de los Dolores, una cita cargada de espiritualidad que permitió recuperar la esencia de la antigua procesión del Sábado Santo —conocida también como la procesión del Rosario— que se celebraba en la ciudad a mediados del pasado siglo.
Las calles medievales del casco antiguo se llenaron de silencio, oración y devoción en un recorrido que partió desde la Catedral y concluyó en la parroquia de San Esteban, evocando aquella histórica tradición procesional que durante décadas formó parte del patrimonio religioso de la ciudad.
Las horas previas al inicio del cortejo estuvieron marcadas por cierta incertidumbre entre la organización y los participantes sobre el desarrollo del acto. Sin embargo, cuando llegó el momento de la salida, cualquier duda quedó atrás y el rosario pudo celebrarse con total normalidad, envuelto en el recogimiento y la solemnidad que caracterizan a los desfiles procesionales de la Semana Santa castellana. Numerosos hermanos de la hermandad y muchos conquenses acompañaron el cortejo, deseosos de participar en este acto especial con el que se conmemora el décimo aniversario fundacional de la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y las Santas Marías.
El cortejo comenzó a formarse a las 19:15 horas en la capilla del Espíritu Santo de la Catedral y, quince minutos después, la comitiva iniciaba su recorrido desde la Santa Iglesia Catedral Basílica. Abriendo el desfile marchaba la Cruz de Guía, seguida por los hermanos y fieles que acompañaban a la imagen portando velas encendidas, creando una estampa de profunda espiritualidad entre las estrechas calles del casco antiguo.
Durante el itinerario, el rezo del rosario fue marcando el ritmo del caminar, acompañado por la música sobria y recogida de un trío de capilla que contribuía a acentuar el ambiente de oración. A lo largo del recorrido se fueron meditando cinco misterios de la Pasión de Cristo: la Oración en el Huerto, la Flagelación, Jesús cargando con la Cruz, la Coronación de Espinas y la muerte de Cristo en la Cruz.
El Rosario Vespertino concluyó alrededor de las 21:30 horas con la llegada a la parroquia de San Esteban, que se convierte en la nueva sede canónica de la hermandad. Allí finalizó una procesión marcada por el silencio, la devoción y el recogimiento, en una noche que permitió a Cuenca reencontrarse con una tradición que forma parte de su memoria espiritual y que, por unas horas, volvió a recorrer las piedras centenarias de su casco histórico.