La procesión del mediodía del Viernes Santo en Cuenca se desarrolló con brillantez bajo un tiempo primaveral que favoreció una alta participación nazarena y permitió cumplir con precisión el horario previsto en todo el recorrido.
Cuenca vivió este Viernes Santo una de sus citas más emblemáticas con la procesión del mediodía, que se desarrolló con brillantez bajo un tiempo excepcional que acompañó en todo momento al desfile. Desde las 12:30 horas, la iglesia de San Esteban fue el punto de partida de un cortejo que volvió a destacar por su solemnidad, pero también por la notable participación de hermanos nazarenos en todas las hermandades, ofreciendo una estampa de gran fuerza y devoción en las calles de la ciudad.
Encabezada por la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, la procesión avanzó con orden y precisión por Aguirre y Las Torres hasta la Puerta de Valencia, donde se produjo uno de los momentos más esperados con la incorporación de Nuestra Señora de las Angustias. La perfecta organización permitió que se cumplieran los tiempos previstos, incluyendo la salida en la Plaza del Salvador de los pasos de la Agonía y el Cristo de la Luz, configurando así un recorrido que narró, paso a paso, los episodios del Calvario con la fidelidad que caracteriza a esta procesión.
El ascenso por Alfonso VIII hacia la Plaza Mayor dejó imágenes de gran belleza, favorecidas por la luz del día y la climatología, que permitió disfrutar con claridad de cada detalle de los pasos. Tras el descanso, el descenso se desarrolló igualmente con puntualidad, destacando el tradicional canto del Coro del Conservatorio en San Felipe Neri, uno de los momentos más sobrecogedores de la jornada.
La procesión alcanzó la parte baja de la ciudad en torno a las 17:30 horas, manteniendo en todo momento el ritmo previsto y un orden ejemplar. El cierre, ya por la tarde, se produjo de manera escalonada en los distintos templos, cumpliéndose el horario establecido y dejando la ciudad preparada para el Santo Entierro. En lo musical, las distintas bandas participantes pusieron el acompañamiento perfecto a una procesión que volvió a demostrar la grandeza de la Semana Santa de Cuenca, tanto por su organización como por la implicación de sus nazarenos.