La procesión de Nuestra Señora de los Dolores recorrió las calles de la ciudad con una gran afluencia de público desde la salida hasta su llegada a la Catedral, en una tarde primaveral que también dejó una destacada participación de más de un centenar de niños en la fila infantil.
La tarde del Sábado Santo en Cuenca dejó una estampa bien distinta a la de jornadas anteriores. El buen tiempo acompañó desde primeras horas, permitiendo que la ciudad se echara a la calle sin reservas para acompañar a la Madre en su camino de duelo, en una de las procesiones más íntimas y simbólicas de la Semana Santa conquense.
A las 19:00 horas, desde la iglesia de San Esteban, partía el cortejo de Nuestra Señora de los Dolores junto a las Santas Marías, arropado por una multitud que llenaba ya desde el inicio las inmediaciones del templo. La alta participación de público fue una constante desde la salida, con conquenses y visitantes que no quisieron perderse este desfile cargado de significado, en el que el silencio y el respeto marcaron el paso de las imágenes por el recorrido tradicional.
Uno de los aspectos más destacados de la tarde fue, sin duda, la gran presencia de niños en la fila infantil. Más de un centenar de pequeños nazarenos formaron parte del cortejo, aportando una imagen de futuro y continuidad que emocionó a los asistentes. Su participación, ordenada y comprometida, evidenció el arraigo de esta hermandad entre las nuevas generaciones.
El desfile avanzó por Las Torres, Alonso de Ojeda y El Salvador mientras la luz del día comenzaba a caer lentamente, dejando paso a una atmósfera más recogida en Solera y El Peso. Sin embargo, lejos de imponerse la oscuridad, el ambiente estuvo marcado por una sensación de esperanza contenida, en línea con el significado de esta jornada de tránsito entre el duelo y la gloria.
Uno de los momentos más especiales se vivió en la puerta de la antigua iglesia de San Andrés, donde la hermandad realizó su ofrenda simbólica ante Cristo Resucitado. Un gesto cargado de emoción que reforzó el sentido de este cortejo como antesala de la alegría pascual.
Ya en las inmediaciones de la Santa Iglesia Catedral Basílica, el recibimiento por parte del Coro de la Capilla de Música puso el broche musical a una procesión que fue ganando en intensidad a medida que se acercaba su final. Las voces acompañaron a la Virgen en sus últimos metros, envolviendo el ambiente en una solemnidad sobrecogedora.
La Plaza Mayor volvió a presentar una gran afluencia de público en el tramo final, confirmando el respaldo de la ciudad a esta procesión. Allí, en el interior del templo catedralicio, y al filo de las 22:30 horas, se escenificó el paso del luto a la esperanza con el anuncio de la Resurrección.
Cuenca, que había caminado con la Madre en la oscuridad del duelo, se reencontró finalmente con la Luz. Una jornada marcada por el buen tiempo, la masiva participación y la presencia de los más jóvenes, que volvió a demostrar que la Semana Santa conquense sigue muy viva.