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Alcalá de la Vega y El Cubillo se movilizan

martes 03 de noviembre de 2020, 00:22h

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Si es verdad que nuestros pueblos se despueblan y hasta desaparecen, también lo es que nuestra Serranía Conquense encabeza este negativo negocio y casi todos sus pueblos se debaten entre la vida y la muerte sin esperanza aparente de recuperación, con todo el desgarro emocional que esto representa para sus gentes.

Alcalá de la Vega con su aledaño El Cubillo quieren ser escuchados y quieren defender su patrimonio histórico, monumental, documental y medioambiental, uno de los más ricos a nivel provincial, antes de que las circunstancias les aboque a un absoluto ostracismo o desaparición, debido a la inevitable, trágica, acelerada y terminal despoblación y la indefensión en que se encuentran.

Alcalá de la Vega y El Cubillo son herederos de un ancestral pueblo cimentado en las mismas riberas del Cabriel, cruzado por rutas romanas, como lo atestiguan las calzadas, las “tegulas” y silicatas romanas; floreciente emporio cristiano visigodo más tarde, según nos indican sus estellas funerarias y testimonios escritos, hasta ser convertido en el importante y primer enclave árabe instalado en lo que hoy son nuestras tierras de Cuenca. Si hemos de hacer caso a Al-Idrisi, desde la fortaleza de Al-Qala se controlaban los troncos de pino que las aguas del Cabriel llevaban hasta Alcira y Cullera, que así lo describen Los Caminos de Al-Andalus de siglo XII.

Antes de 1988 los restos árabes del lugar y su entorno eran desconocidos: Quelasa (Q.l.sa) se confundía entre el nombre de un río (el Cabriel) o el de un castillo que alguno llegó a situarlo en los términos de Iniesta (Saavedra,) o en Alcalá del Júcar (Torres Balbás, 1888-1960 y el profesor Francisco Franco Sánchez) o en la confluencia de los ríos Cabriel y Guadazaón (Bosch), sin acabar de leer el texto árabe que claramente lo posiciona al Oriente de Cuenca y a tres jornadas, equidistante de Alpuente, Albarracín y Cuenca, suficiente información para pensar que el único castillo que se ajusta a esa descripción tan diáfana es el existente en las riberas del Cabriel, hoy término de Alcalá de la Vega, justo, al oriente más exactoy extremo de Cuenca.

¿Quién, antes de 1990, podría sospechar que lo que se dice en Las Crónicas Árabes, recogidas en el Dikr bilad al-Andalus, describiendo Santaver y revelando detalles tan importantes como exclusivos de la fortaleza de al-Qala, “su entrada horadada en la roca y sus profundas cavidades” - hoy confirmadas y constatadas- podrían referirse a nuestro castillo?

Sólo cuando, hace apenas 35 años, nuestro Miguel Romero escribió tímidamente que Al-Qala o Quelasa (Q.l.s.) era el castillo existente en términos de Alcalá de la Vega se empezó a especular y a asentar las bases de una nueva y particular historia: Conocida sólo porque los musulmanes, la importante familia Banu Zenum, que llegaron a gobernar toda la Cora de Santaver, atraídos por las ventajas que proporcionaba el lugar con la gran vega para el mijo, la caza, la pesca y la ruta abierta del Cabriel, el rio de Quelasa, para sus maderas hasta Valencia, levantaron aquí su fortaleza, en los mismos inicios de la revuelta, sobre los despojos de un primitivo y sometido poblado, cuyos restos perduran bajo una grande y natural estela sepulcral que se alarga desde el torreón de la fortaleza árabe hasta las mismas aguas del río Cabriel a la espera de ser levantada por sabios y comprometidos arqueólogos.

Un lugar mágico en un rincón bello y con muchos pretendientes. En 1142, en Daroca, el Conde R. Berenguer IV, al programar las conquistas a los árabes para la Corona de Aragón, incluía a este lugar dentro de unos límites que entregaba a los Templarios para su puebla y conquista, favorecidos siempre con regias prebendas, beneficios especiales y las añadidas exigencias pontificias, concedidas a perpetuidad.

Y desde entonces los Templarios fueron guardianes, protectores y artífices de una conquista en 1210 junto al rey Pedro II de Aragón. Y volvieron a serlo en 1219 con Rodrigo Giménez de Rada echando otra vez a los sarracenos, que habían vuelto de nuevo a Serreilla.

De aquí que, cuando en 1312 se suprimen los templarios, los reyes se quisieron repartir sus tierras y el papa Juan XXII pretendiera que se adjudicaran a la Orden de San Juan, la minoría de edad de Alfonso XI frenó la solución en Castilla. Y sólo más tarde, a su mayoría de edad, se inhibió en la disputa, se opuso al Papa y entregó los bienes que los Templarios tenían en Castilla a los Concejos y al Común de los lugares donde se encontraban. Tal es el caso de Alcalá de la Vega y El Cubillo que, constituidos por Alfonso XI herederos de la preislámica Serreilla templaria, recibieron de este rey la totalidad de los bienes que fueron de los Templarios; y, por lo mismo, la dotación de tierra que sus iglesias recibieron del diezmo que Adriano IV exigió al Conde en 1158 antes de aprobar la renuncia de las Órdenes Mendicantes a la herencia que recibieron de Alfonso I, el Batallador, al morir sin descendencia.

La Historia única de Alcalá de la Vega y El Cubillo, que tuvo sus particularidades, únicas hasta la desamortización en el siglo XIX, los fondos documentales en que se apoya, los vestigios que la evidencian, determinan y ubican, su entorno espectacular y mágico y sus árboles milenarios bien merecen lo que nunca han tenido: un respeto, una custodia y una atención.

La ”Asociación en Defensa del Patrimonio de Alcalá de la Vega y El Cubillo”, solo pretende eso: respeto, custodia y atención a un legado de nuestros mayores que nuestros nietos quieren y tienen derecho a heredar.

Niceto Hinarejos Ruiz

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