Esta es la historia de una hormiga que aprendió a leer. Un día se encontró un libro tirado en la tierra y empezó a curiosearlo. Se dio cuenta que podía descifrar lo que en él estaba escrito y conforme profundizaba en el libro, además, se percató de que se estaba calentito arropada por sus páginas. Sin pensárselo dos veces apresurada-mente fue a contárselo a sus compañeras de piso y a sus primas, las hormigas con alas. Todas juntas emprendieron la búsqueda de más y más libros encontrando un sitio que estaba repleto de ellos. Decidieron quedarse allí a vivir, estaban calentitas, no la mojaba el agua de la lluvia y, también se respiraba un cálido ambiente de paz y silencio.
Este magnífico sitio es la Biblioteca de la Universidad de Cuenca. Sitio en el que la semana pasada, cuando el calor que anticipa el verano inundaba las calles, también inundaba el interior de la biblioteca. El aire acondicionado, supongo, que funcionará, pero con el termostato de la sala de lectura a 28 grados seguro que no se pone en funcionamiento. Ya sé que los tiempos que corren son muy difíciles y que hay que apretarse el cinturón para ser más eficientes económicamente hablando. Pero que la temperatura que, oficialmente, se recomienda para los interiores de edificios de carácter oficial ronde entre los 21 y 23 grados no coincide con la que hacia entonces en la biblioteca, aquella era muy superior.
Estamos pasando, esta semana en Cuenca, un fresquito muy rico. Hace que las ventanas abiertas por la noche escaseen y que las terrazas de los bares se planteen volver a poner esas estufas para calentar a los clientes. Pero, hoy a las siete de la mañana ha entrado el verano, bendito verano, y, lo más probable es que suban las temperaturas y nos volvamos a asfixiar los que, torpes de nosotros, tenemos que estudiar para hacer algún examen hasta el 5 de julio día que es el último. Por favor aunque parezca que el estudio no necesita esfuerzo, sí lo necesita y, con las temperaturas en alza uno suda sentado y tranquilo sin moverse de la silla de la biblioteca, ¡hacer algo!, poner un rato, a mediodía sólo o por la tarde, el aire que se refresque el ambiente. Seguro que los responsables de la Biblioteca de la Universidad de Castilla la Mancha en Cuenca, me/nos entienden, gracias
R.P.S.
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