Con semejante giro, está reconociendo implícitamente que hace un año los socialistas catalanes solicitaban sin rubor privilegios fiscales frente a otros españoles. Avanzamos algo viendo que ahora admiten que los conciertos son una vergüenza. Pero, ¿qué opina el PSOE? El PSOE ya le ha contestado tímidamente al PSC que nanay, que hay clases de españoles, que los españolaris vascos y navarros seguirán con sus privilegios porque son más guapos que el resto de los españoles, los restospañoles,... pero que mirarán a ver qué pueden hacer para que los antiespañoles catalanes (que no lo son todos, pero abundan como las setas en otoño), no se sientan tan feos, tontos y maltratados como los restospañoles castellanos (y un largo etc. de desgraciados segundones) del régimen tributario común. Pobrecitos. Con el mar de fondo del secesionismo, hete aquí que llega el PSOE y se saca de la chistera, un mes después, nada más y nada menos que una reforma constitucional, para la que saben no hay consenso, que nos conduzca a un Estado Federal que prometen será la pera limonera.
Ni peras ni limones, manzanas agusanadas. El enésimo truco del almendruco para seguir pedaleando, la enésima milonga de ese ejército de indigentes intelectuales que es la PSOE, tan dado a despreciar la inteligencia financiera de castellanos y demás restospañoles. En esa reforma, aparece el llamado principio de ordinalidad, la enésima concesión socialista a las tesis catalanistas. Para quién no lo sepa, eso no es otra cosa que la garantía a las regiones ricas de que jamás cambiará el orden de las regiones en el escalafón de riqueza, es decir, la garantía de que las regiones ricas siempre serán las mismas, y que las pobres nunca tendrán el empujón necesario del Estado (solo un pelín de caridad), para que rueden solas, dejen algún día de serlo y adelanten a las hoy ricas. Cosa por otra parte nada raro de ver en los ciclos históricos. Clasismo territorial en vena made in PSOE. La garantía, en suma, de que la riqueza del país, es troceable, territorializable y escasamente permeable, pues se renuncia, o limita, el papel nivelador del Estado, incluso para garantizar servicios básicos iguales, como educación o sanidad, entre españoles.
Todo ello, no es muy de izquierdas ni muy patriota, pero hablamos de la PSOE. Y todo porque en el noreste no soportan que los niños extremeños y castellanos tengan ordenadores en los colegios.
Ha sido el gobierno de Extremadura, en un raudo, veloz, detallado, argumentado y extraordinario informe difundido en ABC y Expansión, el primero en advertir, la enésima traición del PSOE a los más pobres con tal de contentar al burgués PSC y toda la tropa catalanista. Por algo Monago es el único dirigente popular que sube en las encuestas cuando todos se hunden. Tome nota señora Cospedal.
"Según el informe del Gobierno extremeño, la introducción del principio de ordinalidad [propuesto por el PSC y asumido por el PSOE] en el sistema de financiación autonómica supone un evidente beneficio para Cataluña y un gran perjuicio para comunidades menos ricas [...] El estudio del Ejecutivo extremeño plantea dos simulaciones, una de ellas aplicando la ordinalidad, según la capacidad tributaria de cada comunidad autónoma, cuatro comunidades obtendrían más recursos: Madrid, 4.043 millones más; Cataluña, 1.518 millones; Baleares, 304 millones, y Canarias, 267 millones; mientras que el resto perdería dinero. La comunidad que perdería más recursos con este sistema sería Castilla y León (-1.186 millones), Andalucía (-1.048), Extremadura (-610), Valencia (-520), Castilla-La Mancha (-432), Cantabria (-268), Aragón (-289), La Rioja (-186) y Murcia (-148). [...] En la segunda simulación, aplicando la ordinalidad según la renta per cápita, Cataluña obtendría 520 millones de euros más que en el sistema de financiación actual, mientras que Madrid también ganaría, unos 3.128 millones más. Canarias obtendría 389 millones más, Comunidad Valenciana (242), Aragón (22,31) y Murcia (14,71). El resto de comunidades perderían dinero en este segundo supuesto, con Andalucía a la cabeza (-1.007 millones), seguida de Galicia (-884), Castilla y León (-821 millones), Extremadura (-481), Cantabria (-441), Asturias (-393), Castilla La Mancha (-173,74), La Rioja (-98,12) y Baleares (-15). [...] Según la vicepresidenta y portavoz del Gobierno de Extremadura, Cristina Teniente, la ordinalidad [propuesta por el PSOE] «quiebra el principio de solidaridad» entre los territorios recogido en la Constitución" (ABC, 10/07/2013).
¿Cómo quedaría una hipotética y deseable Castilla reunificada? Por mucho que una parte de Castilla, Madrid, gane y compense lo que otras partes pierden, los castellanistas debemos decir no. Simplemente no somos iguales que ellos. Visto lo visto, y después de esto, ¿cómo es posible que los socialistas castellanos de todas partes apoyen esto?, ¿con qué cara que no sea la del cinismo y el cemento van a defender la reapertura de las 37 escuelas rurales cerradas solo en Cuenca o la vuelta del servicio de urgencias rurales de docenas de pueblos conquenses?, ¿qué opinan García-Page, Sahuquillo, Guijarro o Juanito Ávila de lo que defiende su PSOE?, ¿piensan que el dinero necesario para mantener esos servicios cae de los árboles? Parece que les compensa tragarse ese sapo. En Cuenca, como en todas las provincias castellanas, la sucursal del PSOE simplemente traga lo que les dan cocinado. Lo mismo que la del PP o IU. También por esto soy castellanista, porque no hay futuro para mi tierra ni los míos, si no creamos un proyecto desde aquí, que piense globalmente en Castilla (nuestro referente histórico y económico inmediato) y actúe localmente en cada una de sus provincias. Es la España que tenemos, guste más o menos.
Si esto proponen en su chusco modelo de Estado federal pseudoigualitario, imagínense que pasaría si del café para todos se pasase al café para tres, tal y como algunos periféricos defendían unos meses antes de apostar por el secesionismo. Vamos a decírselo alto y claro a socialistas y secesionistas: Por lógica y buena que sea la unidad de España, y ciertamente lo es, jamás aceptaremos los castellanos como precio de la unidad indignas desigualdades, por muchos eufemismos que les pongan. Ni asimetrías, ni bilateralidades, ni federalismos, ni café a la carta ni gaitas; o follamos todos o la puta al río. Señores del PSOE, antes rota que asimétrica. Llevamos en los genes el nadie es más que nadie. Y cuidado, porque de una forma u otra, castellanos somos todos desde Santander a Tenerife, y como la desafección al proyecto nacional enraíce, Castilla no tardaría 150 años en destrozar y acabar con España como le sucede a Cataluña. A Castilla le bastarían 10 minutos.
Una cosa buena tiene la deriva secesionista del parlamento y gobierno catalán: obliga a decantarse. España sí o no. Se acabó el travestismo político; todos sin caretas, nada de medias tintas y ambigüedades calculadas, lo que empareda al asexuado PSOE, siempre jugando al sí pero no, al no pero sí, al ni contra España ni con España, a la equidistancia interesada. Su falso federalismo no es más que el trampantojo para tener contentos a los catalanistas (que ya se han mofado de la propuesta) y salir de ese emparedamiento. Ni ellos se lo creen. El error del PSOE es que juega a no enterarse de que existe una oposición entre dos preceptos que no hay forma de conciliar, igualdad y privilegio (fiscal o del tipo que sea), y lo correcto no es dejar las cosas como están, permitiéndoselos a vascos y navarros, ni proponer reformas “federales” en las que todos cambiamos (a peor), para no satisfacer a los insatisfechos permanentes. Nadie lo ha explicado tan bien comoJ.Gª Domínguez, en LD el 07/07/2013: “Ningún orden jurídico que consagre la igualdad entre todos los españoles complacerá jamás al nacionalismo catalán. Ninguno. En el fondo, el problema de la izquierda [española] es que no ha acabado de comprender la naturaleza última del movimiento catalanista. Un movimiento cuya almendra doctrinal resulta por esencia incompatible con la doctrina federativa. Por algo la Lliga de Prat de la Riba siempre se proclamó abiertamente contraria a la idea federalista. Lo mismo, por cierto, que Valentí Almirall, su adversario [nacionalista] por la izquierda. Contra lo que se empecina en creer la progresía mesetaria biempensante, el federalismo y el catalanismo son como el agua y el aceite [...] nada resulta más ajeno al particularismo catalanista que el espíritu igualitario del federalismo. Bien al contrario, su afán nivelador representa la antítesis [...] Y es que en román paladino el federalismo tiene un nombre: se llama café para todos". Así pues, sigamos nuestro camino, sin tenerles en cuenta.
Javier Martínez