De llevarse a cabo, esta ampliación supondría una ratio aproximada de 58 cerdos por habitante, teniendo en cuenta que la localidad cuenta con apenas 103 vecinos. Según la documentación del proyecto, la explotación funciona bajo un modelo de integración, en el que una gran empresa suministra los animales y subcontrata el engorde a un ganadero local, que asume la gestión de las instalaciones y de los residuos generados.
La previsión es que la macrogranja complete 2,4 ciclos de engorde al año, lo que se traduciría en una producción anual cercana a los 14.400 cerdos.
Uno de los aspectos que más preocupa es la gestión de los purines. El estudio de impacto ambiental recoge que la instalación generará alrededor de 12,9 millones de litros anuales, una cantidad equivalente a unas cinco piscinas olímpicas. Para ello, el proyecto contempla la construcción de una nueva balsa de almacenamiento con capacidad de 2.020 metros cúbicos, que se sumará a la ya existente de 2.180.
Estos residuos serán posteriormente aplicados en terrenos agrícolas, lo que podría implicar riesgos de contaminación por nitratos en suelos y aguas subterráneas. En este sentido, el municipio ya presenta niveles elevados, con 36 miligramos por litro en el agua de consumo, según los últimos datos del Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo (SINAC), cerca del límite legal establecido en 50 mg/l.
El documento también reconoce la emisión de gases contaminantes como amoniaco, metano, óxidos de nitrógeno y dióxido de carbono, así como la generación de olores asociados tanto a la cría de animales como al manejo de purines. Estas emisiones están catalogadas como potencialmente contaminadoras de la atmósfera.
En cuanto al consumo hídrico, la explotación se abastecerá mediante captación de agua subterránea y requerirá unos 24 millones de litros al año, una cifra que multiplica casi por cinco el consumo estimado de la población local, lo que pone de relieve la elevada demanda en un entorno rural con recursos limitados.
La ubicación de la instalación, a menos de tres kilómetros del núcleo de La Ventosa y a distancias similares de localidades como Villarejo del Espartal o Villanueva de Guadamejud, podría generar afecciones en la calidad del aire y molestias por olores en estos municipios.
El proyecto se encuentra actualmente en fase de tramitación y está pendiente de su salida a información pública, momento en el que podrán presentarse alegaciones ante la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha.
Esta iniciativa se enmarca en el contexto posterior al fin de la moratoria a las macrogranjas porcinas decretada por la Junta el 31 de diciembre de 2024. Desde la plataforma Pueblos Vivos Cuenca han advertido de que esta reactivación no debe suponer “una expansión sin control de la ganadería industrial” y reclaman que se analice el impacto acumulativo de las explotaciones existentes, incluida una macrogranja avícola situada a escasos 600 metros del núcleo urbano, así como la compatibilidad de este modelo con la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida en el medio rural.