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Un viaje visual por las cañadas que explican el pasado y la identidad de la provincia de Cuenca
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Un viaje visual por las cañadas que explican el pasado y la identidad de la provincia de Cuenca (Foto: Jorge Sanz)

Jorge Sanz retrata la memoria viva de la trashumancia que marcó la historia de Cuenca

Por Redacción
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localcuencanewses/5/5/16
lunes 09 de febrero de 2026, 00:27h

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El fotógrafo Jorge Sanz presenta La estela de los últimos trashumantes, una obra que documenta quince años de convivencia con los pastores que aún recorren las cañadas reales y que refleja un legado ancestral compartido por provincias como Cuenca, donde la trashumancia fue durante siglos una de las principales señas de identidad económica, social y cultural.

La huella de la trashumancia que vertebra la España interior vuelve a cobrar protagonismo con la publicación de La estela de los últimos trashumantes, el nuevo libro del fotógrafo Jorge Sanz, una obra que documenta quince años de convivencia con los pastores que aún mantienen vivo este modo de vida ancestral. Un legado que, aunque se narra desde las Tierras Altas de Soria, encuentra un reflejo directo en la historia, la cultura y el paisaje de la provincia de Cuenca.

El trabajo, desarrollado entre 2010 y 2025, rinde homenaje a ganaderos como Eduardo del Rincón y los hermanos Pérez —Ricardo, Basilio y José María—, auténticos herederos de una tradición milenaria que ha unido durante siglos los pastos del norte con las dehesas del sur a través de las Cañadas Reales. Rutas que también atraviesan y explican buena parte del pasado económico y social conquense, ligado al tránsito de la lana, el pastoreo y la vida nómada marcada por las estaciones.

Un espejo para la memoria conquense

Aunque el foco visual del libro se sitúa en tierras sorianas, el relato que propone Sanz funciona como un espejo de la realidad de Cuenca, donde la trashumancia fue durante siglos un motor de desarrollo y cohesión social. Las imágenes capturan el paso de los rebaños por calles y veredas de localidades como Soria, Garray, Los Campos u Oncala, escenas que evocan un pasado compartido con muchos pueblos de la Serranía conquense, donde el sonido de los cencerros marcaba el ritmo del calendario.

El autor no esquiva la dureza del camino y se adentra en la dimensión más humana del viaje, retratando la trashumancia invernal por enclaves como Fuensaúco, Soliedra o Borchicayada, con una soledad y una resistencia que resultan profundamente familiares para el mundo rural de Cuenca. Especial carga simbólica tienen también las despedidas en Carrascosa y Castilfrío de la Sierra, instantes suspendidos en el tiempo antes de iniciar la larga marcha, tan reconocibles en la memoria colectiva conquense.

La mujer, pilar invisible del pastoreo

Uno de los ejes fundamentales de La estela de los últimos trashumantes es la reivindicación del papel de la mujer en este oficio. Jorge Sanz subraya que, mientras los hombres permanecían meses lejos del hogar, ellas sostenían la vida en los pueblos: la tierra, el ganado, la familia y la economía doméstica. Sin su trabajo silencioso, la trashumancia no habría llegado hasta nuestros días.

“Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos”, recuerda el autor aludiendo al sistema de la Mesta, que moldeó durante siglos la identidad de territorios como Cuenca. Muchas de las imágenes del libro poseen un carácter intemporal y podrían pertenecer a cualquier rincón de la geografía conquense donde el ganado aún marca el pulso de la vida rural.

La obra recupera además el pensamiento de Azorín, quien afirmaba que «el genio de España no podrá ser comprendido sin la consideración de este ir y venir de los rebaños por montañas y llanuras». En este sentido, La estela de los últimos trashumantes se erige como un alegato de resistencia cultural y memoria viva para provincias como Cuenca, que se niegan a olvidar sus raíces pastoriles y su vínculo histórico con la trashumancia.

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